15 dic 2007

REFLEXIONES SOBRE PEDAGOGÍA MUSICAL

¿Qué mundo quiere usted?[1]

Por Eliecer Arenas Monsalve

Lo que pasa hoy:

Uno de los efectos más interesantes que produjo el siglo veinte es que a partir del impacto de los medios de comunicación, culturalmente se cambió la faz de la tierra. Se logro lo que nunca antes había podido ocurrir: gracias a los medios de comunicación masivos hoy podemos decir sin ninguna duda, que el siglo veinte fue el siglo de las músicas populares. ¿Eso que implicó?. Implicó que las músicas que antes estaban circunscritas a lugares locales se convirtieran en referentes mundiales; las músicas regionales de ciertos países se conviertieronn, por un lado, en materia de estudio, y por otro, en materia de influencia estética para gente de todo el mundo.

El tango, por ejemplo, es un género local de la pampa argentino-uruguaya que en las primeras décadas del siglo se convierte en un fenómeno mundial, gracias en parte a que comienza a tener un auge muy importante en Francia, incluso hasta el día de hoy. Lo mismo pasó con el bolero, que se convirtió en un fenómeno latinoamericano. Estos dos ejemplos, además del jazz, o la música cubana, muestran lo que va a ser prototípico del siglo XX: muestra como las diferencias regionales rompen las barreras nacionales. Cuando esas barreras se rompen sistemáticamente –como pasa con el fenómeno de la radio, la televisión y la grabación- da lugar a un mundo interconectado musicalmente. Desde entonces los medios de comunicación se convierten en los grandes socializadores en el mundo del arte musical, al punto que no importa que música vaya usted a estudiar, no importa que tipo de estudiante usted sea ni de donde venga, usted con seguridad ha sido socializado en, por y desde, las músicas populares. Ahora bien, usted luego evidentemente puede tomar otras opciones estéticas y decidir irse por el rock, por el jazz o por la música clásica. Eso es otro asunto, pero en principio todos hemos sido socializados a partir de músicas populares, nos guste o no.

En ese escenario es que se hace importante la pregunta: ¿por qué la academia se ha tardado tanto en incorporar el estudio a las músicas populares? ¿cuál es el prejuicio que tiene la academia alrededor del uso educativo que tienen o pueden tener las músicas populares?. Si uno se contesta esa pregunta a partir de la historia, empieza a ver varios asuntos. En primer término que hay un prejuicio con relación a su falta de sistematicidad, es decir la gente formada en el canon clásico siempre siente que la música de la alteridad no esta suficientemente sistematizada. Y en sana lógica dicen, ¿para qué inventarnos el agua tibia si todo ya está hecho desde la música clásica, o culta, o académica, allí las cosas ya están probadas, hay siglos que avalan ciertos procedimientos, el análisis musical, por ejemplo, nos da unas coordenadas precisas, para que improvisar, para que volver a empezar, ¿para que ser eternos Sísimos, cuando hay un conocimiento seguro a la mano?

¿Cuál es el equivoco de ese argumento, por cierto muy usado?. El equívoco es creer que la música es solamente lo sonoro, se olvidan que las músicas, en plural, son prácticas sociales. Cuando usted se hace músico, usted no sólo se habilita para manejar un código musical, sino se tiene que insertar en un mundo, que es un mundo de gente que participa en unos códigos estéticos. ¿Que quiero decir con esto?, que hacerse, por ejemplo, músico practicante o cultor de música colombiana andina no es aprender a tocar bambuco, es insertarse en una trama significativa en donde hay un grupo de gente que conoce el bambuco, donde hay unas instancias de reconocimiento, instancias socialmente instituidas qué jerarquizan, señalan las formas de tocar; usted se hace partícipe de un mundo cuyas propias dinámicas definen los lugares donde se toca, definen de cierto modo aunque nunca explícitamente, los derechos y deberes de quien forma parte en esa comunidad. En los concursos nacionales, festivales, encuentros, etc., hay autoridades que son reconocidas dentro de ese medio como ejes fundamentales, que son necesariamente referentes para usted si quiere ser parte de ese mundo, allí hay repertorios que usted debe conocer y dominar para ser tenido en cuenta como un legítimo interlocutor, usted debe pasar por ciertos filtros, compartir ciertos escenarios, vivir inmerso en cierta estética. Insisto, hacerse músico no es sentarse en la casa a tocar bambuco, ni tocar jazz, ni tocar música tropical, ni rap, ni música clásica. Es meterse en una práctica social que tiene unos recursos, unas instituciones, unas instancias. Eso me parece clave porque el problema no es la sistematicidad o asistematicidad intrínseca del lenguaje musical, el problema es reconocer que el mundo de la música es un mundo dotado de jerarquías, de relaciones poder y que hacerse músico no es solamente dominar y conocer el código. Hacerse músico hacer una apuesta vital con una comunidad de usuarios, con una sociedad en la que esa música ocupa un logar y co-construye la el universo de significados en que se vive. Ser roquero no es conocer la armonía de Pink Floyd, ni decir “yo entiendo lo que hacen los Stones”, no es decir “yo me sé las canciones Beatles”, o sostener que puede componer como John Lennon. Hacerse roquero es meterse en una trama, en un juego de sentido, en un campo diría Pierre Bourdieu, un campo donde actores diversos participan en la institucionalización, mas o menos consensuada, de unas formas de ser, hacer y vivir la música. Hacerse músico es, como le gustaría decir a Wittgenstein, optar por una forma de vida. Es una apuesta vital en todo el sentido del término.

Lo anterior me parece interesante porque la academia musical en Colombia, en términos generales ha sido tan soberbia, que se cree que desde su lugar se puede decidir cuales músicas son buenas o malas, legítimas o ilegítimas. Claro, quien está metido en prácticas musicales vitales, sabe que eso es una insensatez, por decir lo menos, porque los rockqueros no van a preguntar a la academia si les gusta tal o cual sonoridad, si les dan permiso, si eso o aquello es avalado por un gris profesor que se cree en la obligación, tendenciosa y poco grata, de ser el guardián del conocimiento. Esos tipos son, para utilizar una analogía algo irreverente, mas papistas que el papa, me hacen pensar en el viejito Carreño, el de la urbanidad, poniendo reglas presuntamente imperecederas y eternas, negándose a ver que, para bien o para mal, la moral y las costumbres, lo mismo que los hábitos musicales se construyen día a día inexorablemente. Voy a poner un ejemplo: los Stones no son un icono porque la academia británica haya O.K. Si la academia se decidiera por estudiar el mundo de las prácticas musicales, si se tomara la molestia de ver la realidad como es, podría verificar cómo se legitiman dichas prácticas, o en sentido más amplio, vería el funcionamiento de las prácticas humanas. Las prácticas no se legitiman por permiso de ningún tribunal de sabios. El equivoco llega el punto de creer que la función de la academia es legitimar los saberes. Repito, esto no es más que una ingenuidad: las comunidades humanas legitiman sus saberes y sus prácticas desde esas mismas prácticas, cuando estas se insertan en el mundo de sentido compartido por una comunidad y se institucionalizan cuando esas mismas comunidades buscan conservarlas por considerarlas referentes culturales significativos.

Por eso quiero insistir en que necesitamos una academia que aprenda de esas prácticas, que busque nexos con ellas, que se meta con la vida, que poco a poco abra su espectro e incorpore esos universos en sus marcos referenciales. La visión contraria en educación músical es fatal, porque hace suponer al estudiante que por ejemplo Bach estaba pendiente de lo que “la academia” decía para hacer sus intervenciones y sus composiciones, cuando es exactamente al revés, la academia –que casi nunca crea nada y suele simplemente notariar lo que acontece- luego lo sistematiza y dice: hemos encontrado ciertas regularidades.. De forma miope, por la tradición positivista cree haber encontrado una regla. No es lo mismo una regularidad que una regla. Ahora bien, todo esto se vuelve más urgente en países latinoamericanos, donde la convergencia de distintos referentes hace que no terminen de cazar las pretensiones del modelo eurocéntrico de la academia en la compleja vida cultural de nuestros países.

Otro ejemplo, cuando Pedro Morales Pino hacía bambucos no se ponía a pensar en una instancia que le dijera cómo hacer un bambuco, sus reglas compositivas. Él hacía bambucos, trabajaba, iba a las chicherías, salía del país, organizaba grupos, y paulatinamente una comunidad los reconocía, los legitimaba…más tarde la academia dice: oh!, el bambuco se hace de esta manera. Un paréntesis, la academia busca normalizar, con el consiguiente recorte; los bambucos, se convierten en el bambuco. Pero no voy a desarrollar ahora ese punto.

Quiero destacar que considero que en este país en general, ha habido y sigue habiendo mucha soberbia desde ciertos sectores de la academia. Creo que la única manera de que la academia en serio empiece a tener un peso social importante y una interrelación fuerte con la vida del país y que sus programas tengan un sentido más impactante para los estudiantes, es que se baje del (supuesto) pedestal y empiece a investigar qué clase de universo tiene al frente, y no dar por sentado que lo que hasta este momento ha hecho, es decir, legitimarse para ella misma y autoproclamarse como la detentadora del poder para decidir acerca de los valores estéticos de la sociedad, es suficiente.

Pedagogía:

Usted me pregunta por mi práctica como educador a la luz de lo que acabo de decir. Sobre eso quisiera decir dos cosas.

Yo me he preparado concientemente para tender puentes. Yo quisiera pensar que mi trabajo, donde quiera que este, cualquiera sea la tarea que tenga al frente, permite acercar al estudiante desde el mundo de la música a la sociedad, y de la sociedad al mundo de la música. Mi idea es que se entienda que quien se mete en el mundo de la música puede muy fácilmente tender un puente hacia las otras artes, y que de las artes se pueden tender puentes hacia la vida cotidiana.

Esto posición responde a una convicción muy profunda: creo que tiene sentido estudiar las prácticas artísticas de cualquier género en la medida en que el arte es el mejor dispositivo que nos hemos inventado para mirar la vida de una manera lo suficientemente rica, lo suficientemente plural y lo suficientemente humana en el mejor sentido del término. Creo que el arte nos recupera la sensibilidad –afectiva, intelectiva, cognoscitiva, racional- hacia lo más bello y –hay que decirlo- hacia lo más horroroso que tenemos los seres humanos, y si el arte sirve para entrenarnos en los intríngulis de nuestra condición humana, el arte debe seguir teniendo un lugar importante para la sociedad. Yo soy un convencido de eso y por eso le dedico mi vida a este objetivo y todos los días me levanto a trabajar por eso.

Yo creo que todo maestro tiene la obligación de tender puentes. Ahora bien, yo creo que los puentes no deben ir hacia dónde uno como maestro quiere. Uno puede tender puentes sin decir que está haciendo ingeniería. En mi caso, busco que mis estudiantes salgan con la imposibilidad de recordar claramente que fue lo que pasó en mi clase, porque son clases hechas para ser olvidadas. Yo trato de hacer clases para que se olviden de mi muy fácil, y de los temas, pero para que no se olviden de ellos, para que siempre recuerden que son los protagonistas de sus procesos, que hay que darle la cara a su realidad, a sus sueños, fantasías, miedos, a su historia, a su barrio, a su experiencia, porque es lo único que tienen y con lo que cuentan para ser músicos, maestros, artistas y ciudadanos. Uno debiera como maestro, diseñar programas para hacerse prescindible, para que el estudiante se coja confianza, se empodere como protagonista de su vida. Yo hago mi trabajo para provocar que se produzca al menos el principio de un cambio vital. Diseño las clases para que el estudiante no la relacione con un programa ni con unos contenidos, sino con una experiencia de respeto que le puede ser significativa, que pueda, incluso, aunque que ni siquiera se de cuenta, cambiarle la forma de ver la vida.

En un sentido más general esto tiene consecuencias. Creo que los procesos educativos que ponen todo su énfasis en el programa y en los contenidos, por tratar de ver el árbol pierden de vista el bosque. Si los estudiantes no leen, por ejemplo, mi reto es lograr transmitir tal emoción frente al conocimiento, hacerles sentir, sentir juntos, que no hay nada más emocionante que eso, que finalmente por contagio, por persuasión, por empatía se enganchen. Me interesa que se den cuenta que el encuentro humano que propicia la pedagogía es un privilegio. Cuando sienten que compartir una clase con un estudiante es un privilegio absoluto, la práctica educativa cambia; cuando uno comprende que es un privilegio tener con quien conversar, estudiar, aprender, sobre cosas importantes, entiende la fortuna de poder construir una perspectiva de la propia vida con gente que está construyendo la suya propia. Por esto, el maestro, creo yo, debe tener muy claro que su valor no está en que los estudiantes repitan el legado que uno les trae, sino en la satisfacción de acompañarlos a intentar, tartamudeando al principio, asustados quizás, titubeantes seguramente, crear su propio camino. Es gratificante verlos apropiarse del sueño que podría expresarse así: “yo quiero que mi vida se parezca a mi”.

Una labor así, desde cierto ángulo meramente instrumental y práctico, puede que no sea gran cosa. Pero yo sueño y apuesto por estudiantes que sean capaces decir “bueno, sé que hay muchas opciones aparentemente más seguras!, pero transitar por mi sendero y construir mi camino, aunque vivamos en un mundo donde eso pueda ser visto con cierta duda, es mi opción”.

Las implicaciones pedagógicas de eso son muy grandes. Preparar una clase, diseñar un programa, tiene que ir siempre más allá del conocimiento que uno transmite porque el conocimiento siempre es un pretexto para otra cosa, por importante que parezca. En determinado momento puede ser muy importante Shakespeare, y yo quisiera que mis estudiantes conocieran Shakespeare si es el caso, o a Bach, o lo que usted quiera... pero detrás de eso hay algo más grande, y cuando los maestros olvidamos eso, nos olvidamos que participamos fundamentalmente en la educación de seres humanos que utilizan el arte como un pretexto y como un puente también para encontrarse con otra gente. No nos podemos olvidar que hacemos poesía, zapatos, carreteras, sonatas, artefactos, etc., para vivir: eso es lo único que vale la pena, lo único por lo que existimos. La educación que no recuerda eso y se engancha en la idea de que las profesiones son lo importante, por dignas y meritorias que sean y por ilustre que sea su historia, es una educación a la postre perniciosa y está desenfocada.

La Universidad:

Creo que nos equivocamos al pensar que la crisis de la universidad o de los programas es un problema de pénsum. Aunque considero que hay cosas que mejorar en relación cualquier programa académico, estoy absolutamente convencido que el secreto no está en el pénsum. La única manera de cambiar el sentido y mejorar el nivel académico, artístico, relacional y educativo es recuperando la pasión. Debemos trabajar en conjunto para entender que durante toda la carrera el estudiante tiene el privilegio de estar cinco años en el paréntesis que le da la vida social para hacer todas las preguntas sin necesidad de tener las respuestas. Eso es un privilegio feliz, porque cuando llegue al mundo laboral le van a pedir respuestas. Cuando el estudiante entienda que puede ser todo lo preguntón, todo lo crítico, todo lo inconforme que quiera y cuando precisamente entiende el sentido profundo de ese privilegio, es decir, su responsabilidad y el papel de estos años para su vida futura, logrará darse cuenta que no puede pasar de agache. ¿Cómo no aprovechar eso?. ¡Cómo va a desperdiciar su gran oportunidad!

Muchas veces me he preguntado viendo algunos estudiantes ciertamente apáticos: ¿Cómo es posible que teniendo semejante papayazo sean pasivos? ¿Cómo es posible que no quieran tragarse el universo habiendo tanta cosa que hacer? ¿Cómo no se dan cuenta que a la vuelta de la esquina están los hijos, los arriendos, las obligaciones, y la angustia de las certezas del mundo laboral?. Un estudiante que se da cuenta de eso es un estudiante que cambia. A mí me gusta pensar que mi trabajo, donde quiera que esté, o sea el escenario que sea ayuda, aunque sea un poco, a recuperar la emoción, no solamente con relación al conocimiento como algo separado de uno, como algo que uno incorpora, sino sobre todo, a la comprensión de que todo conocimiento implica un autoconocimiento. Cuando se toma conciencia que el aprendizaje o lo transforma a usted como ser humano o no sirve para nada hay un cambio cualitativo. Si Shakespeare no le ayuda usted a entender la naturaleza humana, la vida social, los seres humanos, los sentimientos humanos, el problema del amor, el problema de los celos, el problema del odio, entonces Shakespeare no tiene ningún sentido educativo. Sólo si sirven como experiencia de la complejidad de lo humano, Shakespire, Bach, Wagner, Alban Berg, Glenn Gould, Joao Gilberto, Schumann, Palos y Cuerdas, Arnedo, Germán Darío Pérez, Puerto Candelaria, cobran sentido, porque nos enseñan sobre la naturaleza humana, esa cosa tan poco natural, tan construida, tan variada.

Relaciones humanas y alteridad:

Por otra parte, creo que infortunadamente en las facultades de música se vive de estereotipos, y nos relacionamos con estereotipos, no con personas. Esto lo aprendí ya hace unos años, cuando empecé a darme cuenta que los estudiantes no existen, los estudiantes son un estereotipo que nos inventamos nosotros los adultos para meterlos en una bolsa a todos por igual. Existen personas concretas y singulares, con maneras de actuar singulares, con una experiencia de la vida única. Entender a cada uno en su singularidad impide atropellarlo, meterlo en el corsé de un modelo diseñado por el maestro es violentarlo. A mí me interesa un estudiante que es capaz de ser él mismo y que no tiene vergüenza de serlo. Mi función es ser su interlocutor, pero dentro de su propio destino.

La crisis de la universidad, en ese orden de ideas, es una crisis de actitud por una parte, y es una crisis que se da por ignorancia y miedo. Le tenemos miedo a la singularidad del otro, por eso nos ignoramos. A mí eso me da tristeza, le tenemos miedo a sentir que los estudiantes son como son, con toda su exquisita variedad: hay uno más payaso, uno más irreverente, uno más tranquilo, hay uno más pilo, pero pilo en un sentido, y otros pilos en otros, hay uno juicioso que cumple, pero la cabeza no le vuela tanto, hay otro más vago pero que profundiza. La variedad es impresionante y eso somos los seres humanos, y es esa variedad la que hace rica a la universidad y la vida. En los maestros se constata esa misma variedad. Creo que mientras los estudiantes nos miren a nosotros como fichas de profesores también nos hacen un gran daño, creo que la riqueza de la interrelación es que los estudiantes logren ver la singularidad de sus maestros en función de la búsqueda de la singularidad propia.

Por otro lado, la universidad colombiana, cada una a su modo, refleja al país, de eso no me queda la menor duda. Por eso yo quiero estar cerca de la práctica cultural universitaria, porque eso que vemos todos los días es el país. ¿Por qué digo eso? Porque aquí está todo el potencial, todas las frustraciones, todos los miedos del país, y todas sus posibilidades.

Pongo un ejemplo con relación a las frustraciones: Un maestro se acerca a un estudiante proponiéndole algo que le va a enseñar. Ese maestro muchas veces se le olvida que lo que está en juego no es tanto lo que el alumno quiere aprender, sino la propia frustración de no tener otro lugar en donde poner en juego sus apuestas vitales como músico, como artista y como maestro. Vivimos en un país que frustra mucho a los artistas: usted sale de una prestigiosa universidad del exterior y llega como concertista, por ejemplo, a un país donde no hay conciertos, usted llega como instrumentista a un país donde no hay orquestas y usted se hace músico en un país y en una sociedad que no valora lo musical en el sentido que lo prefigura en nuestras cabezas la academia. Lo curioso es que aquí en nuestra América latina se ama la música, se consume, se vive con ella. Todos los estratos sociales la incorporan en cada una de las facetas de su existencia. Sin embargo los músicos no encajamos: estamos formados desde paradigmas que nos hacen sentir desprecio o al menos que nos distancian de esa vida musical que hierve por todas partes. Considero que debemos trabajar para recuperar la cercanía con la realidad nuestra, que por fea que nos parezca, es la realidad en la que vamos a intervenir. Y uno no puede intervenir con pertinencia si ignora o desprecia el terreno en donde va a actuar.
Mi granito de arena es insistir cada vez que puedo en que la única posibilidad que tiene uno de resistir los embates de una sociedad tan contradictoria como ésta, que le promete a usted el éxito pero que no le da las oportunidades para alcanzarlo, es tener una fortaleza interna muy grande, y esa fortaleza interna muy grande pasa por entender que la formación musical es sobre todo una autoformación. Se trata de entender que lo que está en juego no es tocar a Bach, Luis A Calvo, Bob Dylan o lo que quiera, sino permitirse una experiencia bachiana de uno mismo, que lo que está en juego no es repetir a Debussy sino recuperar ese devenir Debussyano de mi propia piel. La educación musical debe ser la oportunidad de alcanzar la alteridad, la oportunidad de ser otro. Cada música entonces podría ser entendida, con fines educativos, como una oportunidad de salirnos de nosotros mismos y aprender a ser otros. En ese sentido toda música es una experiencia de alteridad, de encuentro con lo otro diferente. El día que entendamos eso vamos a entender que la diferencia es una bendición y que esas diferencias no solamente no hay que ocultarlas sino que hay que estimularlas y que hay que perder el miedo de que usted quiera hacer otra cosa distinta a lo que yo quiero. Si nos empezamos a ver menos desde los estereotipos, empezaremos a encontrar puntos de unión muy fuertes. En nuestras facultades debe caber tanto Shostakovich como Darío Gómez.

Experiencias educativas:

Hoy día vivimos deslumbrados por universidades privadas que parecieran ser paradigmáticas. Considero que, aunque hay mucho que aprenderles, las apariencias engañan. Universidades aparentemente muy seguras de sí mismas, que se supone que pisan duro en la realidad nacional porque gozan de una imagen institucional fuerte, tienen crisis internas tan fuertes como la de las universidades públicas, sólo que son crisis menos visibles y quizás menos explícitas.

Lo que me gusta de la universidad pública y lo que me gusta de la Pedagógica es que se hablan las cosas descarnadamente, no tenemos vergüenza de sentirnos en crisis ni de hablar de ello. Aunque por momentos llega a un punto que también es preocupante porque somos hipercríticos con nosotros mimos y no logramos ver lo bueno.

En resumen, yo veo muy prometedor el escenario de acá, y sueño con que estudiantes que se esten jugando la vida en serio, vayan y den una vuelta por fuera cuando se gradúen, se hagan un postrado en el exterior si es posible y regresen aquí. Yo tuve maestros que un día me hicieron brillar los ojos haciéndome sentir que valía la pena esto de influir en gente que va a influir en gente. Cada estudiante es un multiplicador infinito de una idea plural del mundo. Lo que movilizamos los maestros no es sólo ideas acerca de la música sino ideas acerca del mundo. Creo que en la medida en que podamos ir reconociendo eso como un valor, podemos pensar en un futuro mucho más tranquilo y podremos tener el liderazgo que la sociedad nos demanda.

Los cambios en el currículo:

Los currículum se está cambiando. La pregunta es ¿con qué criterio?. Yo veo dos cosas, yo veo que hasta ahora las transformaciones y reestructuraciones, en términos generales, se han hecho con un criterio que a mi manera de ver es muy problemático. La gente juzga el programa académico que se debería tener a la luz de lo que aprendió y del recorrido vital que tuvo, cosa que no es ilegítima, pero es problemática. Así, si yo estudié en Rusia, en París, o en Cereté traigo una idea de programa y lo propongo, así no lo diga, como un modelo, como la referencia básica. No es infrecuente escuchar discutir sobre este asunto como un asunto de copiar modelos: hasta tanto no hagamos esto o aquello no vamos a tener el nivel de este o aquel país que se nos antoja una referencia insoslayable. Eso esta pasando desde Uribe Holguín hasta hoy.

Esa manera de ver las transformaciones de nuestros programas es problemática porqué el problema va a ser siempre ¿quien tienen más poder para empujar para su lado?.

Yo sugiero dejar de pensar ¿cuál es el músico ideal que debemos formar?. Mientras cada quien se pare a analizar el problema desde lo que conoce y sostenga que el ideal sea aprender esto, esto y aquello, no vamos a lograr los acuerdos sobre lo fundamental. A mi juicio lo que cambiaría radicalmente esa discusión, no es pensar en el ideal del estudiante, sino en formular la cuestión preguntándonos ¿para qué tipo de realidad, formamos a este músico?. A mi juicio lo que tenemos que compartir es un diagnostico de la realidad musical de éste país. Es la única manera que encuentro para dejar de hacer onanismo académico, es la única forma para salir del país ideal de los sueños de infancia y enfrentarnos a una realidad compleja, con muchas caras. El modo como podemos ayudar a mejorar el nivel cultural del país es conociendo como somos, no despreciando lo que somos. ¿Porque cómo podemos incidir en un país al que sistemáticamente negamos?. Nuestra concepción de lo académico musical está centrado en la estética del siglo XVII y XVIII y en el ideal romántico del intérprete del siglo XIX, del virtuoso, pero la realidad nacional nos obliga a pensar ¿cuál sería el rol del músico hoy?. ¿Podemos seguir despreciando las músicas de la vida cotidiana de la gente como lo hemos hecho más o menos explícitamente hasta ahora?.

Un diagnostico de la realidad actual nos ayudaría mucho. Responder preguntas tales como: ¿cómo se produce, cómo se consume, cómo se distribuye la oferta laboral musical en este país?, ¿cuál es el destino real de los músicos?. Es claro que el destino real de los músicos formados en la academia no es el que dicen las universidades en los pensum, ni en las hojitas de promoción de sus programas. El destino lo dicta entre otras cosas, nos guste o no, el mercado, la oferta y la demanda. Frente a esas preguntas tenemos un atraso notable. Hemos dado algunos arañazos, por ejemplo, con la noción surgida en el Énfasis de Mediaciones Comunicativas de la Pedagógica según la cual el músico tiene que ser un gestor para conseguir recursos, para diseñar planes de acción y políticas. Esta es una pista importante, pero estamos todavía en pañales.

Mientras eso tengamos un diagnóstico medianamente discutido, la pugna va a ser una pugna de poder, un puja por poder.

Pedagogos o Músicos?

La distinción dicotómica entre formar músicos o pedagogos, como cosas opuestas, me parece un desacierto. La pedagogía entendida como una ciencia me parece poco plausible, porque bien vista la pedagogía se parece más a un arte. En ese sentido la pedagogía es una actitud, por eso me parece que la diferenciación entre lo musical y lo pedagógico no está bien planteada. La pedagogía es reflexión sobre el sentido y la forma como transmitimos/apropiamos los saberes que la sociedad requiere. Los maestros de música son pedagogos, son educadores. Debemos trabajar para construir sobre esta base un discurso crítico sobre esas prácticas. La pedagogía no decide como se enseña. La pedagogía se hace preguntas por el sentido de educar y tiene necesariamente una vocación interdisciplinaria, se ayuda de la didáctica, de la metodología, de la psicología, de la antropología social, de la sociología, la filosofía y ahora también de las ciencias cognitivas. A mi me parece vano el esfuerzo de volver aparentemente científico un conocimiento que, sobre todo, nos impacta cuando nos pasa por adentro. La pedagogía es una afección vital, que no se cura. Se calma cerca de los ambientes educativos, pero no es privilegio de la escuela.

La tarea de lo pedagógico en las facultades de música debiera ser crear una metodología y un discurso que no se refiera al conocimiento por el conocimiento, sino al conocimiento como un recurso para la creatividad personal. Por ejemplo, en la enseñanza de la armonía. Uno no quiere aprender armonía para saberse normas, sino para utilizar ciertos recursos, de época, de estilo, etc., en función de sus conocimientos estéticos. Yo imagino la clase de armonía como la oportunidad que el estudiante tiene de captar recursos y usarlos al servicio de sus proyectos estéticos. ¡Cristian a la manera de Bach! ! Cristian a la manera de Beethoven!. La idea es que usted pueda jugar “a la manera de...”, que usted coja un tema y diga, a la manera de Debusy podría ser de esta manera, que se apropie de ello, que lo entienda de esa manera práctica, que no lo entienda de la manera contemplativa como nos lo suelen enseñar. Creo que hasta tanto no nos quitemos de encima esa mirada contemplativa del acervo musical del pasado en donde hay unos dioses que son el Olimpo, no lograremos impactar la sociedad con los recursos de las diversas tradiciones musicales que nos constituyen. Hay que bajar ésos dioses a la vida real y la vida real es la práctica del estudiante. Necesitamos una pedagogía musical que sea capaz por ejemplo, de invitar permanentemente a la creatividad, a usar un recurso contrapuntístico por ejemplo, a la manera de Bach en los proyectos artísticos y estéticos de los estudiantes, o los recursos arreglisticos de Willie Colón. Se trata de poner el pasado al servicio del presente. Lo mismo habría que hacer con la interpretación, aunque eso choque con el conservadurismo de la tradición académica musical. Se le muestra al estudiante que, por ejemplo Mozart se toca de ésta manera..., el secreto está en dar ocasión para que el estudiante se pregunte ¿como la interpretaría él?. Con el bagaje que tiene o con la historia que tiene, que se pregunte como siente a Mozart conociendo lo que fue Mozart. Uno incluso puede ridiculizar a Mozart, uno bien podría mostrar su posición frente al estilo de Mozart, a la vida de Mozart, a la estética de Mozart, a la estética de los cortesanos. Uno puede, en un proceso de aprendizaje, donde un gran autor como este no es el fin sino un medio, proponer al estudiante interpretar de una manera "incorrecta" un mensaje que, probablemente, de la manera correcta no le dice casi nada.

La pregunta es ¿cómo hacer uso de la historia de la música en función de las necesidades actuales? ¿cómo hacemos para que la música refleje la realidad de hoy? ¿cómo convertirnos en creadores en el sentido real del término? Me refiero a creadores en el sentido de usadores de recursos, o si se quiere a la manera del filósofo Richard Rorty, en el sentido de recontextualizadores. Necesitamos una pedagogía como la quería Dewey: no solamente que contemplara el pasado, sino una pedagogía que acostumbre al estudiante a pasarlo todo por su subjetividad. No buscamos un aprendizaje para la erudición. La idea es untarse: tocar esa sonata, ese bambuco, y luego si se quiere "pervertirlos", usarlos, intervenirlos. Y necesitamos aprender a justificar la decisiones musicales, necesitamos crear un discurso alrededor de nuestras opciones estéticas, y nuestras prácticas pedagógicas.

Con una pedagogía así, la música se parece menos a una iglesia con santos a los que hay que encenderles veladoras, y se parece más a un supermercado en donde uno se cruza con todo. Es un poco proponer, guardadas las proporciones, llevarlos a hacer lo que hace una pianista, Gabriela Montero, que toca música clásica e improvisa sobre la música clásica. Esa irreverente se atreve a improvizar sobre Chopin, Schumann o Bach, cuando nos han dicho que esas piezas son inmaculadas y deben tocarse tal como fueron compuestas, es nada menos que venezolana, y creo no es gratuito que sea de por aquí, porque a un europeo le pesa mucho esa tradición, a los latinoamericanos, en cambio, nos queda más fácil ya que tenemos menos deudas de gratitud con Bach. Ella de hecho se hace un disco de Bach con las tocattas y entonces empieza a improvisar, como hacia Bach, pero sin pensar en la época de Bach, sino a su manera, simplemente. Lo llamativo es que no es jazzista, es alguien que en una entrevista sostenía que simplemente se acostumbró siempre a hacer algo propio, a jugar con las piezas que aprendía.

Una cuestion etico.política:

Observe que esta opción educativa que planteo termina siendo una cuestión política o ética ¿Formamos gente para que se adapte a la sociedad? O formamos una gente capaz de ser crítica con esta sociedad y que se atreva a luchar por sociedad nueva.

¿Nos la jugamos por una educación para que la gente simplemente se acomode al medio?

Uno puede optar por la segunda opción. Pero ¿es verdad que, al menos en música, se acomodan bien? Se promete salir “bien acomodado a las expectativas del medio”, pero va uno a ver y tampoco eso ocurre. Cuando salen de sus programas de estudio resulta que no encajan tampoco con el medio. La causa de ello, ya lo he dicho anteriormente, es que el ideal de formación poco tiene en cuenta las necesidades del medio y se basa en el mistificado ideal centro europeo. Mi punto es el siguiente: si el resultado no es como nos lo prometieron, si la promesa de que si usted aprendía eso y aquello tenía un lugar en el mundo no se cumple, entonces porque más bien desde el principio nos dedicamos a ser nosotros mismos.

La pregunta es ética y estética; ¿dónde se siente usted más a gusto? En un proyecto en donde ¿acomodamos gente? ¿Dónde formamos operarios, obreros del arte? O en un proyecto educativo que entiende que el arte tiene que ser para otra cosa?

En un mundo funcionalista claro que existe una idea muy arraigada, que podría expresarse de la siguiente manera: aquí viene usted a hacer cemento y arena, aquí no necesitamos gente creativa, no piense; o en nuestro campo musical: “toque, no necesitamos que piense”. ¿Vamos a aceptar que el arte se reduzca a eso?. ¿No es el arte una oportunidad de mostrar el mundo desde otro ángulo?.

Tengo claro que esa decisión es una decisión que tiene que ver con principios. Con los principios desde los cuales cada uno vive su vida. ¿Vive usted su vida en función de ser aceptado? ¿O, sueña usted acaso en acomodar el mundo a usted, hacerlo un poco a su medida?.

La pregunta es fuerte. ¿El papel de la educación es acomodar a la gente? O tratar de emanciparla… Así sea una utopía, ¿será que tenemos derecho a las utopías? ¿O Será que debemos vivir el mero realismo? ¿Valen la pena los sueños o consideramos que los sueños son una estupidez?

Las utopías no existen, son imaginaciones. Pero, ¿acaso el mundo no se ha transformado por ideas que al principio no fueron sino meras imaginaciones? ¿Acaso lo mejor de los seres humanos no es la posibilidad de pensar en un futuro que hoy no es? Aquí estamos ante a una posición que es estética y ética.

¿Qué tipo de mundo quiere usted?


[1] Basada en la entrevista realizada por Cristian Felipe Sanabria para su Tesis de Grado: agradezco al autor la generosidad de compartir el material trascrito que sirvió de base a este texto.

¡PAPA, SOMOS VIOLENTOS? -EL MUNDO DE VALENTINA III






¿Papá, somos violentos?
Visite el blog sobre ARTE Y VIOLENCIA en: http://diploartes.blogspot.com/search/label/Arte%20Conceptual
Escrito por Eliécer Arenas Monsalve


Valentina: ¿Papá, somos violentos?

Papá: No entiendo, ¿A qué te refieres?

V: La pregunta puede sonar extraña, pero es que he oído incesantemente que los colombianos somos un pueblo “violento”.

P: Ah!, ya entiendo. Lo que pasa es que por fuerza de la costumbre nos parece éste el modo adecuado de referirnos a las cosas que nos pasan como país y la forma correcta de nombrar los eventos que nos afectan.

V: Y tú qué piensas.

P: Creo que no hemos sido suficientemente conscientes de lo que este modo de hablar oculta.

V: ¿Cómo así?

Papá: Te propongo que cambiemos la pregunta tuya por esta: ¿Cómo es que la inmensa mayoría de los Colombianos, en las circunstancias dramáticas de conflicto social y de degradación de la guerra sin fin en que se afirma que vivimos, logra solucionar , pese a todo, la mayoría de sus conflictos en forma pacífica ?.

V: No se para donde vas…

P: No seas impaciente, piensa un poco.

V: ¿Quieres decir que no todo es guerra ni violencia?

Papá: Lo que quiero decir es que como nación no hemos podido ver, por ejemplo, que somos también un pueblo que cuenta con un valioso saber acumulado y una cuantiosa experiencia en resolución pacífica de conflictos; no hemos podido reconocer que poseemos unas experiencias y un saber que se han ido decantando lenta y silenciosamente en medio de las balas y del lenguaje bélico con el que nos hemos ido acostumbrando a describirnos. Estas grandes verdades han quedado eclipsadas y ocultas.

V: Es verdad. Todos los días yo soy testigo, en el colegio y en la calle, de actos de solidaridad, de ejemplos de convivencia, de actos bondadosos…Lo que no entiendo es ¿Por qué no hablamos de eso? ¿Por qué esas cosas no salen en televisión ni en las noticias?




P: Hija, eso merecería otra discusión. Creo que tiene que ver, de todas formas, con que la guerra es un buen negocio para algunos. La bondad, la solidaridad, la alegría, la cooperación, las salidas creativas a los problemas, no parecen despertar demasiado interés.

V: Papá, se me ocurre que deberíamos poner en marcha una estrategia de intervención para sacar a la luz y tratar de darle visibilidad social a algunas de estas verdades y saberes,

Papá: ¿Cómo? ¿En qué estas pensando?

V: Pienso en la responsabilidad que supone darse cuenta de las cosas. Creo que a través de una metodología de trabajo bien pensada podríamos recoger la experiencia de una sociedad civil que tiene mucho que aportar a la reconstrucción del país.

P: Sigue hija, es muy lindo oírte hablar así.

V: Lo que quiero decir es que necesitamos un dispositivo para rescatar la memoria de la sociedad civil acerca del manejo de los conflictos en la vida diaria y los modos en que, negándose al uso de la violencia como método para dirimir los conflictos, llegan a solventar las dificultades y problemas que aquejan sus relaciones interpersonales, familiares y comunitarias.

P: Quieres decir qué hay que buscar estrategias para que la gente aprenda de la otra gente?

V: Creo que necesitamos abrir una discusión en torno a ese tema y brindar las condiciones para, por ejemplo, hacer talleres vivenciales con base en las experiencias reales de la comunidad, a fin de generar un diálogo de saberes acerca del tema.

P: Qué curioso. Esto se complementa muy bien con algo que había pensado hace unos días. Creo que desafortunadamente un tema tan importante como el manejo de conflictos ha ido poco a poco cayendo en manos, casi exclusivamente, de expertos teóricos que, de buena fe, pero privilegiando una visión demasiado pragmática del conflicto y su manejo, se olvidan que la gente sabe mucho y tiene mucho que aportar a ese respecto.

V: ¿Cómo así?

P: Se limitan a dar “formulitas” que no siempre tienen que ver con la forma de pensar de las personas.

V: Tienes razón, parecen haber olvidado que las transformaciones sociales se entretejen en la cotidianidad, y que las personas, aunque no sean muy conscientes de todo lo que saben, poseen un bagaje experiencial lo suficientemente rico como para generar, desde ellas mismas, los mecanismos para la reproducción, réplica y retroalimentación de tales conocimientos.

P: Hablaste como una experta.

V: No te burles. Pero tienes razón, todos somos en alguna medida expertos en manejar conflictos sin violencia. Lo hacemos todos los días…

P: Si. (Silencio) Déjame aportar algo a tu propuesta. Creo que para entender los alcances de tu idea, es preciso tomar en cuenta que somos un pueblo que no ha aprendido a reconocerse desde las experiencias constructoras y mantenedoras del vínculo social, y que desafortunadamente, parece encontrarse a sus anchas manteniendo empecinadamente descripciones de sí mismo que tienden a encerrarlo en un callejón sin salida.

V: Sí, papá, es horrible. Vivimos en un laberinto de descripciones desmoralizadoras que no dejan lugar a la esperanza, entre un fárrago de teorías que, pretendiendo describir un estado de cosas violento, ha pasado más bien a prescribir esa violencia como el lugar de enunciación privilegiado para nombrar lo que somos y lo que nos pasa.

P: Y tristemente quedamos viviendo los estragos de la legitimación de un discurso unilateral que ha construido, casi perversamente, las únicas coordenadas desde las cuales podemos intentar darnos una identidad como nación: la sangre y la violencia.

V: Como si no hubiera nada más.

P: Y de ese modo, silenciamos el empecinado esfuerzo de miles de anónimos colombianos que todos los días encuentran salidas creativas distintas a las del (ab)uso de la fuerza.

V: Me encantaría trabajar en eso, ya que cada vez es más frecuente escuchar que la guerra nos está ganando la partida.

P: Observa esto hija. La guerra que se libra a manos de los ejércitos regulares e irregulares que pululan en el territorio nacional no es la más peligrosa.

V: ¿Qué estás diciendo?

P: Digo que la guerra más peligrosa, porque no se reconoce como tal, es la otra guerra, aquella que pretende reducir nuestra riqueza experiencial como nación obligándonos a mantener una visión estereotipada de nosotros mismos. Nos están ganando la guerra quienes pretendiendo mostrarla como la única realidad posible, nos recortan el campo de visión, condenándonos a una ceguera selectiva que impide ver la realidad en su complejidad y nos obliga a quedamos con la caricaturesca sensación de que la muerte es la única que goza el privilegio de pasearse triunfante por los campos de este atribulado país.



V: Sí, papá. Es urgente hacer visibles las experiencias de socialidad que ponen de manifiesto la inteligencia social del colombiano para evitar la colisión violenta y es preciso inventar mecanismos para reivindicar el valor de dichas experiencias. Necesitamos recuperar la confianza en nuestras posibilidades. Necesitamos anteponerle vida a tantas versiones que circulan sobre la muerte y el conflicto violento. Necesitamos con urgencia una memoria de lo valioso sin caer en la ilusión amnésica de ignorar lo terrible.

P: Que frase tan linda…

V: Es que me duele ver que los jóvenes y niños como yo, a veces parecen perder la esperanza….Sabes una cosa? Un día leí algo que me impactó: Lo dijo Holderlin: donde nace lo que mata, germina también el remedio que sana.


P: Sí, desde ahora para mí resulta clara la necesidad de volver los ojos a las prácticas cotidianas, a las soluciones parciales y a las intuiciones con que la inmensa mayoría de los colombianos, en el día a día, enfrentamos el problema de convivir con la diferencia.

V: Y creo que cada quien puede hacerlo desde su propio ámbito. Las mamás, aprendiendo de las otras mamás como solucionan problemas cotidianos como el de ponerle normas a los hijos, cómo actuar ante las fallas de los hijos; en el colegio los profesores hablando del modo como encuentran todos los días salidas creativas a los problemas de disciplina, de aprendizaje, etc. Y así cada uno en su campo…

P: Y los políticos lo mismo. Si nos sentamos y nos damos la oportunidad de reconocer nuestros saberes de paz no podremos pensar, tan simple y a-criticamente, que somos un pueblo violento.

V: Papá. Sabes que me encanta de ti? Que cuando hablo contigo siento que el mundo es un lugar donde podemos dar cabida a nuestros sueños.

P: Hija, eso es una maravilla. Los seres humanos somos dialogantes, en la conversación tejemos como artesanos, la vida diaria. Y en conversaciones como esta es que crece el amor.

V: Nos pusimos sentimentales, no te da pena…

P: ¿Porque habría de darme pena?

V: (Hablando muy bajo) Porque este es un blog serio y no deberíamos dejar salir lo que sentimos.

P: Al contrario. Debemos integrar lo que sentimos en lo que pensamos y hacemos. Entre otras cosas por eso es que sería tan importante trabajar para recuperar esos saberes de paz.

V: Yo ya empecé en el colegio.

P: Sí, cuéntame.

V: Con los niños de mi curso escribimos un proyecto para dejar memoria del modo en que solucionamos los conflictos. En una parte del proyecto dice: “Nuestro compromiso será tratar de hacer emerger tales conocimientos y procurar entender que ellos -si logramos hacerlos visibles y hacerlos parte de los discursos con los cuales construimos día a día nuestra experiencia de país - son el insumo fundamental sobre el cual se han de cimentar las nuevas pedagogías de la resignificación y/o la resolución pacífica de nuestros conflictos y nuestro anhelado sueño de paz.”

P: Estoy muy orgulloso de ti.

V: Yo también. (Silencio). Papá, ¿Por qué las personas sentimos orgullo?

P: Lo siento hija. No más preguntas por hoy, tenemos que ir a descansar….

¿PAPA, QUÉ ES EL ARTE?: EL MUNDO DE VALENTINA II

¿PAPÁ, QUE ES EL ARTE?

Por: ELIECER ARENAS MONSALVE

V: Cuando un crítico, un curador o un experto proclama: ¡“He aquí una obra de arte!”, ¿qué está tratando de decir?.

P: Cuando alguien dice “Esto una obra de arte”, o “Es un verdadero artista”, están emitiendo proposiciones que tienen el carácter de un cumplido. Son una manera de honrar, por así decir, el estatuto superior de algo con respecto a otros algos...Ese cumplido, si hemos de creer a los historiadores, estuvo largo tiempo asociado con la idea de virtuosismo técnico, es decir, a la posibilidad de manejar con propiedad unas herramientas, unos estilos, unos procedimientos, unos recursos formales: esto ha sido considerado por muchos años ser artista.

V: Pero papá, acaso artista no es quien expresa y/o encarna los sentimientos.? Mejor dicho, quien logre comunicar sentimientos, transmitir sensaciones, puede llamarse legítimamente un artista, ¿no es así?

P: Tienes razón. Ese es el ideal romántico del arte, que ha estado asociado a la idea de autenticidad, de originalidad, etc.

V: Y de inspiración.

P: Sí hija. Desde el periodo romántico especialmente muchos artistas se han creído en comunicación directa con las musas, deidades que eran las responsables de otorgar la inspiración.

V: Y tú que crees?.

P: Considero que eso es reflejo de un momento histórico. Actualmente si tú conversas con tu tío Juan Manuel, o con prácticamente cualquier artista, te dice que no cree en la inspiración divina.

V: Y entonces en que creen?

P: Piensan que se trata de un 2% de inspiración, entendiendo por ello los momentos en donde la creatividad fluye y uno se siente como siendo un mero instrumento en la realización de la obra.

V: Y el otro 98%?

P: Correspondería a transpiración es decir, a trabajo. Todos coinciden en que hay que estar trabajando continuamente para lograr cosas significativas.

V: Papá, ¿no solemos decir, entonces, que alguien es artista cuando crea algo?, ¿cuando deduce u obtiene un producto que consideramos nuevo con respecto a lo anterior?

P: Evidentemente hija.

V: No creo que sea tan evidente, papá, porque estos criterios, o algunos de ellos, pueden aplicarse a varios oficios. ¿Podría decirse entonces, legítimamente, que ¿existen artistas que no trabajen con lo que familiarmente llamamos arte?

P: Te refieres al arte de catar vinos, al arte de la cocina, al arte de hablar de hablar bien en público?.

V: Sí, papá.

P: Creo que en esos momentos son verdaderos artistas.

V: Pero eso no es arte con mayúsculas.

P: Te invito a que pensemos en eso un momento. Es decir, preguntémonos, pese a todo, qué se estará significando en tales casos? Quizás se trata del reconocimiento de ciertas destrezas y habilidades, o se trata –de nuevo- de una suerte un cumplido para resaltar la competencia en determinada tarea o actividad, o quizás, sencillamente, es una expresión para aludir a la excelencia de un producto determinado.

(Silencio)

V: Qué hace que un objeto sea arte?

P: A que te refieres?

V: A que un cuadro de Picasso en el Museo Reina Sofia es arte, pero ese mismo cuadro en un camión de “rojas trasteos” es sólo un objeto que presenta rasgos que no son estéticos.

P: Cómo así?

V: Allí es un objeto con un peso, unas medidas, unas necesidades de temperatura y cuidados especiales. Esos atributos no son importantes cuando estamos hablando del cuadro en tanto objeto de arte.

P: Creo que no te entiendo.

V: Papá cuando tu vas a ver un cuadro, las propiedades como el peso, volumen, materiales, etc.,. no son consideradas como propiedades estéticas. Allí surgen otras propiedades: composición, equilibrio, temática, uso del color, textura, etc.

P: Hija pensemos lo siguiente. ¿Una escultura que está en la mitad de un parque ¿puede ser considerada allí una obra de arte? ¿O es otra cosa?

V: Un autor muy famoso, Garcia Canclini, podría decir que el monumento puede funcionar como lugar de encuentro, como punto de referencia. En esas circunstancias ¿ha dejado de ser “obra de arte”?. Para que sea “obra de arte” debe funcionar solamente como tal?

P: Es el mismo caso de las “instalaciones”, esos dispositivos en los que se interviene un espacio y se convierte en obra de arte. Esos lugares no dejan de ser lo que son; pero, además y sobre todo, son arte.

V: Papá. ¿Cómo se convierte una cosa en otra?

P: Hay varias formas de responder a eso. Una teoría del arte insiste en que la consagración –si así ha de llamarse el gesto ritual de convertir “algo” en una obra de arte- no precisa de un ritual: es la voluntad, o tal vez se prefiera decir, la decisión del artista, la que confiere tal nuevo carácter al objeto, que de inmediato empieza, se dice, a poseer los rasgos de una obra de arte.

V: ¿Cuales son esos rasgos? ¿La capacidad de comunicar y no simplemente de tener un uso, por ejemplo?

P: Para esos teóricos sí. La posición de otros, que defienden la idea de Arte como institución podría resumirse así: “Creo que arte es lo que dicen los críticos –u otro tipo de autoridad, por ejemplo el historiador consagrado - que es arte”.

V: No me gusta esa posición.

P: Volvamos un poco atrás. Digamos lo siguiente: Las obras de arte, por disímiles que nos parezcan, no presentan un rasgo definitorio (rasgo necesario siempre y en todos los casos) sino una superposición de “parecidos de familia”. Cuales podrían ser esos rasgos?

V: A ver…podría ser: objetos o acciones creados con aplicación y destreza; objetos o acciones que pretenden reflejar un estado de cosas a través del uso de materiales que sirvan para representarlo; objetos o acciones que se exhiben en ciertos lugares (museos, galerías, etc.); objetos o acciones cuya finalidad es la contemplación (en oposición a instrumentos creados para actuar o dominar las cosas del mundo), en este sentido objeto “inútil”; objetos o acciones creados para provocar emociones y despertar sentimientos; ..no se me ocurren más…

P: Mi amor, la lista es muy completa. Observa sin embargo que algunos de estos “rasgos” pueden ser contradictorios entre sí.

V: O sea que el problema del arte no esta en el objeto?. Es eso lo que quieres decir?.

P: Exactamente. No son objetos especiales…

V: ¿Quieres decir que cualquier cosa puede llegar a ser arte?

P: Se que suena provocador. Pero siguiendo este razonamiento estoy tentado a responder: cualquier cosa podría llegar a serlo, lo que no significa que lo sea. Tampoco se infiere de aquí que cualquier cosa sea arte.

V: Ya veo, el problema no es de la naturaleza del objeto, no hay ninguna. Al parecer no llegamos a ninguna parte por este camino, o mejor, ese no es el camino que buscamos.

P: Observa que todas las pistas conducen más bien a formular el asunto con relación a las acciones que las personas, en cierta circunstancia, producen en presencia de ciertos objetos. Es decir, el mejor camino es indagar como usan las personas ciertos objetos, en este caso los objetos llamados: “obra de arte”

V: ¿Estás sugiriendo que cualquier objeto es arte, o deviene arte, si es usado como tal por un grupo humano?

P: Esta formulación indica, ni más ni menos, que se precisa una sociedad que sea el nicho de los actos que se realizan alrededor del objeto...y son esos actos, esos significados dados por los observadores y las acciones de un entorno humano las que hacen que algunas cosas, en algunas circunstancias, puedan ser consideradas objetos de arte.

V: Papá, me parece que lo que complica todo es que nuestra manera de pensar pareciera requerir un mundo con contornos definidos, parece que siempre andamos buscamos cosas estables, datos establecidos de una vez y para siempre.

(Silencio)

V: Papá, que hacemos si nos preguntan que es el arte?

P: A mi juicio, no buscar ni ofrecer una definición. Para mejorar nuestra sensibilidad nos sirve de nada una Teoría General del Arte; ni una Teoría Estética, ni una Filosofía del Arte. Los artistas no siguen reglas estrictas (lo que no significa que no podamos inferir el uso de ciertas reglas, en cierta época, por ejemplo); lo que llamamos arte no ha sido entendido lo mismo en toda época y circunstancia; la apreciación no recae sobre los mismos atributos…

V: De que se trata entonces?

P: Se trataría, más bien, de mostrar cómo es arte una pieza concreta. En qué es arte. Hay que tener en cuenta que una definición –por la fuerza de la costumbre y de cierta tradición- se nos antoja más segura. El crítico y el maestro deberían mostrar más. Establecer nuevas y más imaginativas relaciones. El asunto es más de imaginación que de método.

V: Papá, dirás que soy desobediente, pero voy a intentar –luego de lo dicho, y pese a todo- una definición que no nos meta en tantos problemas (y que nos permita darle cabida a las manifestaciones del arte actual): “Arte es algo que le acontece a un objeto, acción o evento.”

P: No esta nada mal. Lo que queda es mostrar como esta definición al poner los acentos en lugares distintos a los tradicionales permite un desplazamiento interesante de la discusión sobre el arte y ver si da cabida a nuevos argumentos y relaciones más ricas e imaginativas. Pero eso es otra historia...

V: Papá, es verdad que somos todos artistas?

P: Si, hija. En algún sentido todos lo somos. Lo cierto es que el poder formativo del arte no radica en volvernos a todos artistas, el viejo loco de tu tío Juan Manuel, no quiere que sus alumnos sean artistas, sino que aprendamos a vivir artísticamente…a el no le importa que hagamos poesía, sino que vivamos la vida poéticamente…

V: Papá, que significa eso?

P: Significa estetizar la mirada, aprender a ver, aprender a oler, aprender a tocar, aprender a oír, aprender a sentir…ver con los ojos del alma, si se quiere…

V: Dirás re-aprender…porque todos sabemos hacer esas cosas…

P: Sí, pero las solemos reducir a su ámbito utilitario y práctico. Aquí la propuesta es que se haga como un fin en sí mismo.

V: Papá, es difícil des-aprender?

P: Con frecuencia es más difícil que aprender, porque supone romper hábitos previos, parar el piloto automático que hace que hagamos ciertas cosas por la fuerza de la costumbre.

V: Recuerdo que leí que Kant dijo que el hombre no debe ser considerado un medio para obtener cosas. Dijo que debíamos considerarlo un fin en sí mismo y que en eso consistía la dignidad humana.

P: Ahora entiendes porqué el arte forma en valores?

V: Ahora entiendo que sin arte, perdemos la unión entre lo físico, espiritual, ético, moral y estético. Es decir, perdemos la posibilidad de juntarnos como seres completos…no fragmentados, no escindidos…

V: Papá, porque se nos dificulta tanto a los humanos pensar en totalidad y siempre andamos haciendo dicotomías y dividiendo todo?

P: Esa es una gran discusión. Pero ahora hay que ir a dormir….hasta mañana…

V: Esta bien papá, felices sueños.

Junio de 2006

TODO LO QUE USTED QUIZO SABER SOBRE PALOS Y CUERDAS Y SU TRABAJO "CAMALEONTE"


FÁBULA
(CON MORALEJA)


-¿Qué quiere decir CAMALEONTE?- preguntó.
- No sé. Pero el ALEMAN COTE me ha enviado un mensaje que dice: “Te escribo mientras escucho el nuevo disco de los Hermanos Saboya y desde entonces solo TECLEO MANÁ.”
- Qué absurdo!.
- No lo creo. Las cosas nunca son lo que parecen. Yo estoy tentado a aconsejarles a todos lo siguiente: Donde diga CAMALEONTE, LEAN MECATO.
- Qué raro, yo LEO MANTECA. En verdad las palabras son como camaleones…
- Quizás tengas razón –replicó fijando la mirada en el horizonte- pero sin lugar a dudas la meca de la ambigüedad semántica es la música, más que el lenguaje...
- Es verdad. Y eso que en Colombia LA ETNO-MECA musical aún no ha llegado…


(Tradición oral recogida por un anónimo investigador
en la Abadía de don Guillermo Morales)


CAMALEONTE


(Ensayo publicado como texto adjunto al trabajo del Grupo PALOS Y CUERDAS, titulado "Camaleonte"
Para escuchar y ver a Palos y Cuerdas haga clic aqui:

Desde que Charles Darwin publicó su famosa obra “El origen de las Especies” ha crecido la conciencia acerca de la importancia de las estrategias que los organismos utilizan para adaptarse a las cambiantes condiciones del medio. Este hecho se constata también en el ámbito de la cultura. Los ejemplos son innumerables: el “bossa nova” y el “tropicalismo” en Brasil, el movimiento Onda Nueva, liderado por Aldemaro Romero en Venezuela, el latin jazz o la salsa, por solo citar los movimientos más conocidos y populares. En todos los casos se trata de músicas que se han mantenido y siguen creciendo y desarrollándose gracias a su capacidad para renovarse, para experimentar, para entender su responsabilidad con los ancestros como un compromiso de re-creación permanente.

CAMALEONTE, el cuarto trabajo del Trío Palos y Cuerdas, puede considerarse, un manifiesto surgido de esa importante tradición. Cada nota y cada acorde de este disco proclama a gritos la supervivencia de la Música Andina Colombiana y nos la muestra como un ser vivo en pleno desarrollo, con toda su fuerza, vitalidad y vigencia. Con las dificultades técnico-musicales que supone, los Hermanos Saboya nos muestran en este trabajo un poco del pasado, presente y futuro del formato emblemático de nuestros ritmos andinos: el conformado por el tiple, la bandola y la guitarra. En ese sentido puede afirmarse que CAMALEONTE rinde un homenaje a sus predecesores, a la pléyade de músicos que han mostrado, pese a los cánticos lacónicos de los puristas que para nuestra fortuna, la música no esta a salvo de las influencias del medio en que se desenvuelve ni puede entenderse por fuera del devenir histórico de su pueblo.

Para comprender cabalmente la importancia de este trabajo para la música colombiana debe tenerse en cuenta las singulares condiciones de la cultura colombiana. Como muchos analistas lo han destacado, un rasgo particular del desarrollo histórico del país ha sido el marcado centralismo y el relativo aislamiento que los centros económicos, políticos y administrativos han mantenido frente a un país que todos los días, pese a todo, se nos revela como plural, multicultural y diverso. En el ámbito cultural esta cerrazón llevo a erigir la música andina como la música auténticamente nacional, deslegitimando la ingente cantidad de sonoridades que poblaban y sigue poblando la ecología sonora del país. Lo grave fue que quienes promulgaban el cuidado de los ritmos andinos, tendieron a ver con desdén y temor la proliferación de las sonoridades mestizas, llegando a despreciar particularmente las manifestaciones ligadas a las tradiciones africanas e indígenas.

En su preocupación porque no perdiera vigencia, algunos influyentes admiradores de la música andina trataron de protegerla de las continuas influencias que gracias a la llegada de los medios masivos, especialmente la radio, fueron tornándose incuestionables. De este modo se fue consolidando una visión conservadora respecto del tratamiento de nuestros aires más representativos. En consecuencia los repertorios se comienzan a repetir sin cesar, los formatos (entre los cuales la clonación de duetos, puede destacarse) se tratan de mantener más o menos incólumes, y aunque no se dijo explícitamente la consigna parecía ser la misma que suele adoptarse en tiempos de pestes y epidemias: encerrarse para evitar el contagio. El resultado fue que la música andina sufrió una profunda crisis tratando de adaptarse a las nuevas necesidades que el medio le imponía. Entre tanto su poética, en términos generales, se quedaba repitiendo lugares comunes y exaltando una vida pastoril idealizada por la nostalgia.

Por fortuna esta es sólo una parte de la historia...

La música, pese a los cuidados y asepsias de los nostálgicos, se fue transformando. Los ritmos que en los ámbitos rurales habían estado insertos en la vida diaria de la gente acompañando los encuentros, las fiestas, los dolores de amor y los jolgorios fueron transformando su sentido al quedar desanclados de los medios más o menos rurales en los que se habían gestado. Bien visto, se trataba de un proceso normal. La vida cotidiana organizada mayoritariamente en torno de ciudades cuyos habitantes estaban cada vez más expuestos al influjo creciente de los medios de comunicación y a la inmigración de gentes de muchas partes del país, provocó que otros ritmos comenzaran a ocupar el lugar que un día había ocupado el bambuco, la guabina y el pasillo. En una tendencia que se mantiene hasta nuestros días, las ciudades recientemente urbanizadas fueron presentando lo que yo llamaría un “calentamiento” del gusto musical, en cuya médula estuvo tanto la cumbia y el porro en un primer momento y más tarde el vallenato y otros ritmos caribeños, como las músicas de Cuba, México y Estados Unidos.

Pero la música andina urbana no murió, cambio su sentido, se fue volviendo más abstracta, más intelectual, más elaborada, más virtuosa. En adelante será una música cuya complejidad invitará más a la escucha atenta que al baile.

Al igual que el tango, que paulatinamente se fue volviendo una música de concierto -música para ser escuchada y no bailada- los ritmos andinos urbanos se han ido abstrayendo del papel que antaño cumplían y han ido adquiriendo en compensación, la sofisticación propia de las músicas de cámara. Refinamiento, equilibrio, matices, arreglos predominantemente escritos, mayor profesionalización de los ejecutantes, mayor exigencia técnica y mayores búsquedas expresivas son algunos de los rasgos de la tendencia que desemboca felizmente en el trabajo del trío Palos y Cuerdas.
Mucha gente ha contribuido a que este proceso, ciertamente discontinuo y no exento de tensiones y conflictos, se lleve a cabo. Sin embargo, vale la pena que destacar a dos colosos, literalmente los dos leones sobre los que ha gravitado la modernización del lenguaje musical andino.
De una parte esta el trabajo del compositor y arreglista León Cardona García sin cuya obra CAMALEONTE sería sencillamente impensable.
León Cardona, con la dedicación de un orfebre, desde la segunda mitad del siglo pasado amplio los márgenes armónicos, melódicos y rítmicos con una obra plena de belleza, coherencia y perfección formal que sin lugar dudas ha inspirado, consciente o inconscientemente, a todos los creadores que le sucedieron. En torno de su radio de influencia han girado otros insignes innovadores: Luis Uribe Bueno, Iván Uribe y tantos otros.

El otro es Fernando León Rengífo, nuestro primer gran virtuoso de la bandola, quien con su legendario Trío Joyel y más tarde con Nogal Orquesta de Cuerdas, nos enseñó las posibilidades tímbricas de los instrumentos de nuestra tradición, amplió la escritura para los instrumentos obligando a elevar el nivel técnico de nuestros músicos y a consolidar una tradición de luthiers que hasta hoy se esmeran todos los días por obtener mejores resultados sonoros especialmente en lo que concierne al tiple y la bandola, instrumentos de difícil afinación.

De Fernando León, quien lleva en su plumada y en sus arreglos toda la rica tradición de la música andina hay que decir que su mérito va más allá de lo que se puede decir en unas cortas líneas. En torno suyo se ha creado un nicho de trabajo y compromiso artístico de alta calidad, de cuyo seno han surgido algunos de los más importantes e influyentes músicos de nuestro país y de donde han nacido proyectos innovativos y refrescantes en el panorama nacional, como es el caso de los trabajos de grupos como Cuatro Palos, Kafé es 3, Barrockófilo, entre otros, que han ampliado y recreado críticamente la herencia de León.

Una consecuencia no esperada del trabajo de Nogal fue la profesionalización de los músicos, la cualificación técnica, la conciencia de la necesidad de crear proyectos nuevos y de desplegar toda la pasión y creatividad en la búsqueda de nuevas sonoridades. Las dos lección básicas de León quedaron aprendidas: la tradición no solo es una herencia que hay que conservar sino un capital cultural que hay que poner a producir y, de otro lado, que no hay potencial revolucionario más grande que conocer a fondo todos los secretos de la tradición. En ambas lecciones los hermanos Saboya son algo más que alumnos aventajados.

Por estas razones, es preciso decir que este trabajo es una celebración.

El oyente cuidadoso de CAMALEONTE podrá deleitarse escuchando en la guitarra de Daniel Saboya la evolución de un siglo de guitarra, desde los bordoneos de los antiguos guitarristas como Alvaro Romero o la sonoridad que aún sobrevive en las manos de Carlos Rozo Manrique, hasta la sonoridad sofisticada y elegante de los diseños de acompañamiento de la escuela del maestro Gentíl Montaña. El tiple de Lucas, con todo el atractivo de su individualidad nos cuenta secretos de la tradición santandereana y boyacense, y nos dibuja la presencia de leyendas como Peregrino Galindo o Aycardo Muñoz, así como ecos del guajeo exquisito de Ricardo Pedraza o del recordado Fabián Gallón. En la sonoridad de Diego Saboya confluye la pulsación precisa de Diego Estrada; el brillo, la exhuberancia y la pasión de Fernando León; la técnica, el volumen y la solvencia de Fabián Forero; la dulzura aterciopelada y romántica de Jairo Rincón y la imaginación y espontaneidad de Ernesto Sánchez. .

Si en una mirada somera al desarrollo de nuestros instrumentos CAMALEONTE nos invita a celebrar la gran tradición de nuestra música, más importante aún es lo que Palos y Cuerdas logra en cuanto a ensamble y concepción sonora.

Escuchar a los hermanos Saboya no sólo nos aproxima a un futuro prometedor, lleno de sorpresas, contrapuntos y armonías poco convencionales sino que nos retrotrae a lo más exquisito del Trío Morales Pino, maestros de la sencillez y la exquisita perfección; al colorido explosivo del Trío Joyel; al lirismo y elegancia de Cuatro Palos; a la actitud rebelde, virtuosa y provocadora del Trío Ancestro y a la sobriedad y solvencia del Trío Pierrot.

No contentos con escoger un cuidadoso repertorio que va desde clásicos re-visitados hasta material inédito, los Hermanos Saboya nos invitan a un viaje lleno de sorpresas. La primera, contar con invitados de la trayectoria y reconocimiento de músicos como el clarinetista boyacense Fredy Pinzón y el maestro venezolano Alexis Cárdenas cuyo violín mágico nos remite tanto a la tradición clásica como al territorio musical que trabaja con su grupo “Recoveco”, con quienes se ha ganado la admiración y el respeto de sus colegas del mundo entero.

Los otros tres invitados ya son símbolos por derecho propio. El primero es Fernando León, a quien me he referido ampliamente y a quien que no dudaría en calificar como el músico más influyente de la segunda mitad del siglo XX en la Música Andina Colombiana.

El segundo es Germán Darío Pérez, a mi juicio el compositor más consistente del panorama actual, quien en muy poco tiempo ha consolidado una obra que ya puede considerarse clásica. Siguiendo la estela de ilustres antecesores como Oriol Rangel y Ruth Marulanda, Germán Darío con la propuesta musical del Trío Nueva Colombia no solamente ha logrado crear un sonido propio, sino que nos ha regalado algunas de las más bellas páginas que se han escrito en la historia musical de este país.


El tercer invitado es el reconocido saxofonista Antonio Arnedo cuyas búsquedas primero desde el jazz y luego desde una investigación exhaustiva de nuestras raíces afro-colombianas especialmente, ha despertado de nuevo el interés de miles de jóvenes por cultivar, conocer y trabajar tomando como base nuestro legado cultural.


Diego, Lucas y Daniel nos han dado como regalo un documento sonoro que nos permite reconocernos como colombianos. Después de escucharlo no me cabe duda que en el futuro próximo podemos esperar de ellos nuevas sorpresas y nuevos motivos de orgullo, ya que su principal arreglista, el fabuloso músico que es Lucas Saboya, que en este proyecto exhibe su talla como instrumentador y creador, apenas comienza a mostrarnos todo el potencial de su proyecto estético, poseedor de una sonoridad que se consolida como una de las más promisorias para el futuro de nuestra música. Cada vez que salga un trabajo de este maravilloso trío sentiremos lo que sentí hoy escribiendo este comentario: la insuficiencia del lenguaje para dar cuenta de la magia que logran con sus interpretaciones y la inutilidad de las clasificaciones en las que solemos enmarcar los trabajos de nuestros mejores talentos.

Aquí queda este trabajo para nuestro deleite. Los invito a escucharlo con cuidado ya que se trata, sin lugar a dudas, de la síntesis más compleja y convincente de las posibilidades musicales del trío andino colombiano.
Oiga, conozca y delitese con Palos y Cuerdas haciendo clic aqui:

ELIÉCER ARENAS MONSALVE. Junio de 2006

9 dic 2007

¿PAPA, QUE DIABLOS HAGO AQUI?: EL MUNDO DE VALENTINA I

¿PAPA, QUE DIABLOS HAGO AQUÍ?
Jorge Luis Borges, el gran escritor argentino, dijo alguna vez que la vida, en el fondo, no era más que una larga conversación. Una conversación con los otros y una interminable conversación con uno mismo.

Este es el primero de una serie de encuentros con Valentina, una niña preguntona e inteligente que nos acompañara en este recorrido por los vericuetos de la curiosidad. Valentina representa el futuro que todos estamos empezando a construir. Valentina es el símbolo del nuevo país que todos estamos construyendo.

Por: Eliecer Arenas Monsalve

(Publicado con algunas variantes, en los Módulos del Bachillerato con Enfasis en Administración del Poder Público- Min Educación-UPN-ESAB-UNAD. 2006)


Valentina : Papá, me siento un poco rara.

Papa : Por que, Valentina ?

V : No sé, porque no estoy acostumbrada a venir a un sitio como estos. Hacer parte de las lecturas que hagan quienes visiten el blog, me asusta un poco...

P : Es una gran responsabilidad, pero no puedes negar que también es un gran honor.

V : Papa, no logro entender es la razón por la que me trajeron aquí. Los escritores serios no acostumbran a presentarse ante la comunidad académica de una manera tan rara.

P : Tienes razón, lo que pasa es que no soy tan serio como parezco, ni me soy presentando ante la comunidad académica...hice este blog para la gente que me ha hecho el homenaje de su amistad y su conversación, especialmente para mis alumnos y mis amigos. Hay algunos vivos y entrañables y hay otros que escribieron hace muchos años y siguen áun más vivos por lo que representan para mí. Todos ellos son culpables de este esfuerzo. Lo cierto es que eso no es lo importante, lo que quiero decirte es que con mucha frecuencia no nos damos cuenta que los demás tienen muchas cosas que decir, y esta forma es la manera que he encontrado para hacerle frente a mi propia alteridad y la de los otros. Siempre me maravillo de la cantidad de cosas interesantes que dejamos de aprender por no sentarnos a conversar.

V : ¿Por eso me trajiste ? ¿No ?. Para poder conversar ? Para iniciar el OIDO QUE SEREMOS, pero en forma de conversación...

P : Tienes razón........Te invité precisamente para que conversemos. Casi siempre es más interesante lo que piensan dos que lo que piensa uno sólo. Me quieres ayudar ?

V :Claro,: somos un equipo, como dice mi mamá . ¿Papa ?

P : Ah ?

V : ¿De que vamos a hablar ?. ¿Creo que la gente está esperando que empecemos, no creo que se aguanten mucho rato sin entrar en materia, porque hasta ahora nuestra conversación no trata de nada.

P : Te equivocas Valentina, ya hemos comenzado la conversación...

V : Si!. Pero la conversación no tiene tema...estamos hablando simplemente de conversar. Oye, papá, espera. ¿Uno puede conversar acerca de las conversaciones?

P : Claro, uno puede estar conversando acerca de algo y luego hablar acerca de ese hablar. Decir por ejemplo : “no me gusta esta conversación porque no me dejas hablar”. En ese caso, una parte de la conversación, lo que acabo de decir, tiene un efecto sobre la totalidad de la conversación. Cambia la estructura de la conversación, es lo que llaman situarse en un meta-nivel.

V : A ver si entiendo : Tú y yo podemos estar conversando sobre algo y en un momento dado iniciar una conversación acerca de cómo estamos conversando. Si hacemos eso podemos darnos cuenta por ejemplo, del tono de la voz de uno y de otro, o si ambos hacemos uso de la palabra, o si uno no deja hablar al interlocutor o de los movimientos de manos que tu haces mientras hablas.

V : Papá, ¿porque hacemos eso ?

P : Por qué hacemos qué, Valentina ?

V : Por qué podemos hablar acerca de las conversaciones ?. Las personas para que hacemos eso ?

P : Esa es una buena pregunta. Vayamos por partes..Lo primero es que tienes razón. Sólo las personas podemos hacer eso. Es una de las cualidades que nos hace humanos. Max, tu viejo perro, por ejemplo, aun siendo muy inteligente, no puede pensar acerca de la vida que lleva, sólo responde a estímulos; por eso, quizás siempre está feliz. No tiene que preocuparse, como tú o como yo, o como los consejales y líderes de las comunidades, acerca de que quiere hacer cuando salga del colegio, o que va a pasar en el futuro, o cómo prepararse para la vida...... Max no tiene que pensar en estas cosas.........Esa cualidad, específicamente humana, se le llama introspección o AUTO-REFLEXIVIDAD y es uno de las atributos humanos más significativos e importantes. Nos permite tomar conciencia de nuestras acciones y evaluar su impacto en nosotros y en los demás.

V : Papá, la auto qué ?. Deberías prohibirte utilizar palabras raras en los este blog, me parece pedante...

P : Espérate un poco, no quiero que nos perdamos del tema. Este es un asunto realmente importante. Mi palabra : autoreflexividad, realmente no es una palabra rara, y no la digo para parecer sabio. Te voy a contar : la autoreflexividad, es una capacidad que todos reconocemos muy fácilmente en nosotros mismos. Se trata de la capacidad de reflexionar acerca de lo que uno es, de lo que piensa, lo que le pasa, lo que siente...

V : Ah, reflexionar acerca de sí mismo!. ¿Es la autoreflexividad la que me permite, por ejemplo, pensar acerca de lo que acabo de pensar?

P : ¡Exactamente !. Gracias a esa capacidad nosotros podemos introducir modificaciones significativas en nuestra conducta, corregir lo que no nos gusta de nuestra manera de pensar o de actuar.

V : Espera un poco, papá.. Cuando uno reflexiona acerca de sus acciones también esta haciendo uso de su capacidad de autoreflexividad ?

P : Claro, y eso es fundamental. Gracias a esa capacidad podemos corregir, cambiar, planear mejor acciones futuras, podemos caer en cuenta de los errores, valorar las cosas buenas. La autoreflexividad permite el crecimiento personal, permite la autonomía...

V : Papá ! .

P : Qué pasa, hija ?

V : Volviste a meter otra palabra rara. Y creí que tu autoreflexividad te permitiría corregir la costumbre de decir las cosas de un modo enredado, usando siempre palabras raras.

P : Mira, Valentina AUTONOMIA no es una palabra rara, sólo es una cualidad escasa.

V : Que quieres decir ?

P : Que no hemos cultivado suficientemente la autonomía, que la autonomía escasea en estos tiempos y dios sabe cuanta falta nos hace !

V : No entiendo, explícame papá.

P : Mira, Valentina. La Autonomía es la capacidad de decidir por mi mismo lo que debo hacer. Yo soy autónomo cuando, haciendo uso de la autoreflexividad, examino las opciones, analizo los diferentes caminos que puedo tomar, sopeso las consecuencias de mis actos; y luego de ese examen, haciendo uso de mi libertad, opto por seguir un curso de acción: decido.

V : Ah!. ¿La autonomía es entonces lo que me permite decidir libremente de acuerdo a mis convicciones. ?

P : Exactamente. No se trata de decidir sólo de acuerdo a mi conveniencia personal, porque no siempre lo que me conviene a mi es lo justo para los demás; se trata de decidir de acuerdo a mis principios, a mis valores, a las cosas que yo considero valiosas y que me gustaría que los demás también respetaran. Gracias a la autonomía, yo puedo darme cuenta de que, aunque la mayoría no piense como yo, si actúo a conciencia, la mejor acción es la que, en el marco del respeto por los demás, respeta mis propios valores...

V : Papá.....¿viste la cara del interlocutor que nos lee en este momento en la pantalla de su computador?

P : No, estaba concentrado diciéndote todas estas cosas, ¿que cara hizo ?.
V : No sé papá...Pero creo que él ni yo entendimos todo lo que querías decir. De todos modos parece un asunto importante.

P : Si, es algo de la máxima importancia. Te lo voy a explicar más claramente. Te decía, Valentina, que la autonomía es la capacidad de discernir, de acuerdo con mis convicciones y creencias, lo que mejor conviene realizar en un momento dado.

V : A ver si entiendo, papá.........Lo que quieres decir es que cuando soy autónoma, yo estoy en capacidad de escoger, de optar, pero además soy capaz de ofrecer argumentos para justificar o aclarar los motivos o las razones que están detrás de mi actuar, y sobre todo, soy autónoma cuando asumo las consecuencias de mis acciones. Papá, ¿puedo poner un ejemplo ?. A ver…
Cuando decido no ir a la cama temprano, pero me hago responsable de levantarme a la mañana siguiente rápido, sin hacer pataleta y dispuesta a hacer las cosas de la mejor manera aunque esté un poco cansada, estoy siendo autónoma. Porque estoy tomando una decisión no sólo por capricho, sino dándome cuenta de las consecuencias de no acostarme temprano, es decir, conciente de que aunque este adormilada por la mañana, y quizás más cansada, mi responsabilidad me lleva a no hacer pataleta, a levantarme rápido y a rendir en el colegio como siempre......

P : Si, muy bien : autónomo es alguien que es capaz de hacerse responsable de sus actos...y de las consecuencias de sus actos..............es alguien que no culpa a los otros de sus acciones...

V : Papá, ¿es difícil ser autónomo ?

P : ¿Porqué lo preguntas ?

V : Porque hace un rato decías que era una cualidad escasa. ¿Será porque es difícil?

P : Mira, Valentina, en ocasiones puede llegar a ser difícil ser autónomo. Piensa por ejemplo, en lo difícil que resulta a veces no hacer las cosas que hace la mayoría. A veces ¿no te resulta difícil pensar por ti misma ?, es decir, ¿no haz sentido que a veces resulta tentador no pensar por uno mismo y dejarse arrastrar por lo que digan los demás ?

V : Si, a veces siento eso, a veces me da miedo oponerme, a veces siento que si no hago lo que hacen todos voy a ser rechazada, me da miedo que se burlen de mi o que por no hacer lo que hacen todos me quede sin amigos...

P : Mira Valentina. Yo creo que todos hemos sentido alguna vez algo parecido. Todos hemos sentido que ser nosotros mismos, pensar conforme a lo que uno realmente cree y desea y no seguir la corriente, es difícil.

V: Sí, papá...........lo peor es que a veces uno se deja llevar por los demás y termina haciendo cosas que verdaderamente uno no quería hacer o cosas sobre las cuales uno no esta realmente convencido. ¿Sabes ? Cuando eso pasa me siento mal...

P : Hija, pensemos juntos esto. ¿Que es lo que te hace sentir mal ?

V : No se, tal vez, la sensación de que no estoy siendo fiel a mi misma, que soy una veleta de las circunstancias, que simplemente me dejo arrastrar por los demás............

(P A U S A)

V : ¿Papá ?... ¿Que es un líder ?

P : ¿Porqué lo preguntas? ¿En qué estas pensando?

V : Pensaba en lo que decíamos, en eso de dejarse arrastar por los demás. No se, a veces uno oye por ahí que el líder es alguien que tiene la capacidad de arrastar a los demás para que hagan lo que él quiere…

P : ¿Eso haz oído ?

V : Uf, muchas veces, por eso te lo pregunto. Porque aunque hemos dicho que las personas deben ser autónomas, uno oye que el líder es precisamente el que tiene la capacidad de arrastrar a los demás hasta hacer que todos hagan lo que él quiere. Mejor dicho, papá, no entiendo!. Ahí hay un enredo...

P : Vayamos por partes, hija. Un líder es alguien que es capaz de guiar su existencia con otros, el que es capaz de encontrar con los demás y para todos, un lugar común, unos objetivos que satisfagan a la mayoría. Es alguien que tiene la sensibilidad para encontrar lo que mejor conviene a su comunidad. No es el que impone su voluntad, es el que encauza los intereses de todos.

V : Pero entonces ¿no es el que todos los demás siguen?

P : No ese tipo de líder puede llegar a ser peligroso para la democracia. Porque las personas, como ya dijimos, deben ser autónomas, deben pensar por si mismas, decidir por si mismas. Si esto es así, el papel del líder no es simplemente arrastrar a los demás, es alguien que en el encuentro con los otros recibe el encargo de asumir la vocería de los demás. Por eso es alguien que debe tener algunas cualidades especiales; por ejemplo, debe saber escuchar...y escuchar es difícil. Aunque todos tenemos orejas a lado y lado de la cabeza no todos sabemos escuchar. Hagamos un experimento: quedémonos quietos de forma que no produzcamos el más mínimo sonido. Tratemos de no pensar en nada. Sólo escuchen...Escuchen. ( )
..................................................................................................................................................
V : Papá...es imposible...se oyen ruidos...siempre hay ruidos ! !...

P : Si, pero observa lo siguiente. Si uno realmente escuchara se daría cuenta que lo primero a lo que hay que atender es a los ruidos de la propia mente. La mente, dicen los orientales, hace mucho ruido. Date cuenta de que aunque uno quiera no pensar en nada piensa en cosas: en lo que ve, en lo que va a pasar más tarde, en lo que pasó ayer, en ciertas sensaciones, como el roce del vestido en la pierna. Mejor dicho, en mil cosas...

V : Sí, papá, tienes razón, mientras dijiste que escucháramos y no pensáramos en nada.....yo pensé mil cosas. Lo que no entiendo es qué relación hay entre la pregunta por los líderes y el hecho de que nuestra mente no se calle por dentro…

P: Hay una relación fundamental......pero no se ve a simple vista. Porque quien no se sabe escuchar a si mismo, es decir, quien no ejerce su capacidad de autoreflexividad, quien no piensa acerca de lo que hace y quien no se da cuenta de las consecuencias de sus acciones...no puede escuchar bien a los demás!.

V : ¿Que quieres decir ?

P : Quiero decir que un buen líder es alguien que está acostumbrado a escucharse de verdad a si mismo, alguien capaz de reconocer la importancia de escuchar a los otros, alguien que trata de entender, de llegar a acuerdos, alguien que piensa en el bien de todos...

V : Papá...........eso de los líderes me preocupa...

P : ¿Por que hija ?

V : Porque creo que estamos confundidos. Elegimos presidentes, senadores, congresistas, alcaldes, y en el colegio también escogemos representante de curso y representante de los estudiantes…pero creo que no siempre lo hacemos bien. Creo que no somos conscientes de la responsabilidad que hay detrás de escoger a quien nos representa.

P : Hija, me sorprendes de nuevo ! Y otra vez estoy de acuerdo contigo : muchas veces no sabemos escoger a las personas que nos van a representar. Por buscar personas capaces de arrastrar a los demás, terminamos escogiendo personas autoritarias que creen que se las saben todas y que no son concientes de la responsabilidad que tienen para con los que los han elegido; piensan que lo que ellos creen es lo único que vale.

V : Papá, sabes que ?

P : Uhmm

V : Siento que estoy aprendiendo mucho. Me gustaría compartir esta discusión con otras personas, me encantaría que pudiéramos reunirnos a conversar sobre todas estas cosas. Papa!, para entrenarme para cuando más tarde nos reunamos con otros compañeros a conversar de estas cosas, ¿me dejas contarte lo que he aprendido?. A ver, ¿por donde empiezo ?. He aprendido que debemos reflexionar acerca de nuestros actos porque esto le permite a uno darse cuenta de las razones de sus acciones, es decir, permite que uno pueda justificar y argumentar porqué hizo determinada acción. He aprendido también que esa cualidad se llama autoreflexividad. He aprendido que si uno hace uso de esa cualidad puede ser autónomo, es decir, puede ser capaz de actuar motivado por sus propias convicciones, por sus valores Y, también que es importante, muy importante, hacerse responsable de las acciones, porque quien se hace responsable de sus acciones y escucha a los demás y cuida que los demás sean autónomos, tengan autoreflexividad y se hagan responsables de sus acciones, puede ser un verdadero líder.

P : Es un buen resumen. Creo que has captado lo fundamental de nuestra conversación..

V : ¿Pero no dijiste que esto era un blog para conversar con otros?

P: Sí, pero es que que precisamente estoy pensando que este espacio tiene sentido sólo para recordar algunas cosas que quizás por obvias olvidamos siempre.

V : ¿Como qué papá ?.

P : Como el hecho de que necesitamos trabajar juntos, porque para crear el ambiente propicio para que muchas personas lleguen a ser verdaderos líderes de su curso, su colegio, su barrio, su municipio, tenemos que ponernos a conversar. Escucha esto con atención : la conversación, la verdadera conversación implicativa, es la base de todas las cosas importantes de la vida humana.

V : Papá. ¿No estás exagerando ?.

P : De ninguna manera : la conversación, el diálogo verdadero, es el terreno fértil sobre el que se cimienta la aventura de la vida humana. Piensa en esto, piensa en lo que es un Colegio. No es el edificio, no son los laboratorios, no son los patios de recreo, ni las salas de cómputo, ni siquiera los salones de clase. Un colegio es una compleja red de conversaciones que van y vienen en todas las direcciones, es una malla en donde se teje el conocimiento y la amistad, donde se construye una nueva nación, un lugar desde donde podemos imaginar una Colombia nueva. Pero ojo, Valentina, no sólo conversamos con las personas de carne y hueso con que nos encontramos todos los días, conversamos con miles de personas que dejaron su huella en el conocimiento, conversamos con ellas por medio de los libros y del conocimiento acumulado por cada una de las disciplinas (la historia, la matemática, los idiomas, la religión). Es un encuentro afectante con otros que ya no están pero que siguen presentes para nosotros y nos ayudan a estructurar nuestra experiencia.

V : Papá, nunca imaginé que conversar pudiera llegar a ser tan importante.

P : Hija. ¿Haz oído alguna vez que orar es conversar con dios ?. Muchas religiones coinciden en que hay algo sagrado en el encuentro verdadero entre dos o más personas. Un verdadero encuentro, un encuentro en el que sinceramente estoy dispuesto a dejarme persuadir por los argumentos del otro, donde sostengo mi posición sin abusar de mi poder, donde quiero comprender la posición y los argumentos del otro, es el motor de lo social. Igual pasa con el amor, que se alimenta de largas conversaciones que terminan diseñando un proyecto de vida común. Así se alimenta también la amistad, la vida familiar. Todo lo que nos sostiene depende de nuestra capacidad de conversar; pero de conversar en serio, es decir, respetando al otro, exigiendo respeto de ese otro y dándonos la oportunidad de abrirnos a su influencia. La conversación, por si fuera poco, es la base de la democracia.

V : ¿También de la democracia ?

P : Si fíjate en esto. La democracia es participación. Y la participación requiere que nos impliquemos en los asuntos de la comunidad. Piensa en esto, hija : ¿Como sabemos cuales son los asuntos de la comunidad ?. Pues conversando, llegando a acuerdos, construyendo consensos; y dándonos cuenta que esos consensos y esos acuerdos son acuerdos y consensos que se pueden ir mejorando y ajustando según las necesidades. La ventaja de una democracia es que siempre es un proyecto inacabado, se hace todos los días, participando en la reformulación de los acuerdos previos hasta que satisfagan, en lo posible, a todos. Por esto, hija, la democracia, la educación, las relaciones de amistad o de amor son siempre y necesariamente proyectos inacabados, son proyectos siempre por hacer. Son inventos del hombre para re-invertarse incesantemente.

P: ¿Y porqué pones esa carita?, ¿pasa algo?

V : Nada papá, mejor dicho, sí. Es algo acerca del liderazgo, me preguntaba si tu crees que yo puedo ser un buen líder?

P : Si, y para contestar esa pregunta voy a ponerte un ejemplo sencillo. Recuerda que la gran maestra es la Naturaleza…

V : ¿Como así Papá ?

P : Si, la mejor lección acerca del liderazgo esta literalmente al alcance de la mano.

V : Sigo sin entender.

P : Mírate la mano: es todo un compendio de sabiduría evolutiva. Mírala con cuidado, es una maravilla, tiene un diseño perfecto y, además, contiene una lección inolvidable sobre el liderazgo. Observa tu mano: ¿cuál de los dedos dirías tu que es el líder?. Reflexiona un poco… Quizás pensemos que se trata del pulgar porque es gordo y fuerte, o porque al ser oponible nos permite agarrar cosas. Otros pueden pensar que se trata del índice, por ser el que nos sirve para señalar, es el que nos indica el camino. Parece un buen candidato a ser el gran líder. Otras quizás piensen que se trata del dedo medio por ser el más grandote y estar en el medio de la mano o porque es tan importante que se le llama “dedo del corazón” e integra todas las funciones de la mano. O quizás es el anular? ¿O quizás el pequeñito meñique?...Date cuenta que con ese modo de analizar las cosas no llegamos a ninguna parte. La mano nos muestra la insuficiencia de ese modo de hablar del liderazgo, la insuficiencia de ese modo de ver las cosas. No hay “un” líder, hay diversos roles y cada uno, a su modo, cumple su función a la perfección. En circunstancias diferentes que exigen respuestas diferentes, cada uno de ellos es perfecto y eficiente. Lo más interesante es que en casi todas las funciones de la mano los dedos pueden ejercer sus papeles protagónicos precisamente gracias a la relación con los demás dedos..La mano nos enseña que el liderazgo es una cualidad relacional. Todos tenemos un papel que cumplir, todos y cada uno de los seres humanos poseemos talento para algo. Y todos, si aprendemos a cultivar el arte de conversar, de llegar a acuerdos, de escuchar al otro de verdad, de respetar su posición y argumentar sin utilizar el poder y la fuerza, nos convertiremos en unos verdaderos y auténticos líderes. Cada cual desde su lugar, aguardando la circunstancia en donde sus cualidades personales brillen con luz propia

V : Papá, sabes ?. Creo que por hoy es suficiente, me haz dejado muy inquieta. Creo que todos aquí podemos sentarnos ahora a conversar acerca de la importancia de las buenas conversaciones. ¿Papá ?...Sabes qué? Esto no es nuevo. Ahora me doy cuenta que había leído cosas muy parecidas, pero sólo hasta ahora, después de hablar contigo consigo conectar las cosas.

P : Eso es muy importante, tienes razón, la verdadera inteligencia que debemos cultivar para relacionarnos mejor entre todos y lograr no sólo tener conocimientos sino a aspirar a algo de la sabiduría del universo es cultivar un pensamiento relacional y cultivar relaciones interpersonales que permitan que uno crezca con el otro.

V : ¿Cómo dices, papá ? ¿Pensamiento que ?

P : Hija, pensamiento relacional...Te lo voy a explicar de esta manera : cuando tu tocas una superficie con tu dedo, un hielo, por ejemplo, que sientes ?

V : Papá, ¡pues que está frío !.

P : De acuerdo. El problema es que nos han enseñado a pensar que la frialdad es una propiedad del hielo, olvidando que la frialdad es una propiedad relacional, es decir, que se percibe como fría en relación con la temperatura de mi dedo. La frialdad, por tanto, no es del hielo, sino un producto de la relación entre mi dedo y el hielo.

V : Papá, es una idea maravillosa ! Y tiene implicaciones importantes para todo lo del liderazgo...

P : Por supuesto. Piensa en alguna...

V : A ver papá, por ejemplo que no se pueden fabricar líderes, porque el liderazgo no es un atributo de una persona. Es una cualidad de una relación que implica al líder y a su comunidad. Mejor dicho, es lo mismo que mi dedo y el hielo. No hay líder sin grupo, no hay líder sin comunidad. Lo que tenemos que hacer para fortalecer el liderazgo no es aislar ciertas cualidades y buscarlas en las personas individuales, sino tratar de construir espacios relacionales que hagan posible el surgimiento de relaciones de liderazgo.

P : Muy bien, hija, creo que nos estamos entendiendo. Fíjate en una última cosa, nuestra conversación se convirtió en una forma de investigar, de aprender…

V : ¿Quieres decir que lo que me has enseñado no los sabias antes de esta conversación ?

P : No sabía que las sabía. La conversación permite que las preguntas, las sugerencias, las dudas del interlocutor hagan que uno se de cuenta que sabe siempre más de lo que cree saber, que tiene mucho que aportar a los demás y claro, también que a veces uno se equivoca acerca de sí mismo y resulta que no sabía tanto como suponía.

V : Y en este caso?

P : En este caso, hija, se trata de estar abierto, porque cualquiera puede ser un gran maestro en el momento propicio. En todo caso, gracias por estar en EL OIDO QUE SEREMOS y permitirme decirte que el único camino legítimo que yo encuentro para la enseñanza en todos los niveles, es construir un escenario de encuentro donde todas las partes sean valoradas, aceptadas y reconocidas. Porque si eso no está, se trata de autoritarismo, de la imposición del más fuerte, es otra vez regresar a la barbarie.

V : Papá.......gracias, voy a tratar de ponerlo en práctica...........

P : Yo también hija, ese es el reto, porque si no, esto no es más que palabra muerta, palabrería para matar el tiempo…