22 nov. 2010

TEXTO INTEGRAL ESCRITO PARA EL MONOGRAFICO DEL MAESTRO GERMAN DARIO PEREZ ORGANIZADO POR LA BIBLIOTECA LUIS ANGEL ARANGO EN NOVIEMBRE DE 2010

Cuando en 1982 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, ese reconocimiento honraba en la figura del gran escritor de Aracataca toda la tradición literaria de la lengua española, la fuerza creativa que bullía en la complejidad y riqueza de las culturas latinoamericanas y el aporte de toda una generación de jóvenes de esas latitudes a la literatura universal.

Esta noche, al mismo tiempo que celebramos la importancia cultural y la riqueza artística de la música del compositor colombiano Germán Darío Pérez Salazar, se enaltece la presencia e importancia de varias generaciones de músicos que tras un complejo proceso sociocultural que se viene gestando en el país han optado por trabajar a fondo con nuestros ritmos de tradición popular encontrando en ellos el vehículo expresivo donde gracias a su creatividad convergen de forma orgánica ecos del pasado y anhelos de modernidad, lo universal y lo local, lo popular y lo erudito.

Un ancestro:

Con sólo cuarenta y dos años, Germán Darío Pérez, lleva más de veinticinco construyendo el lenguaje musical que lo identifica, un lenguaje que expresa, proyecta y hace visible una generación entera que ve ejemplificada en su propuesta musical los valores estéticos, los recursos culturales y las historias de vida propios de una práctica musical a la que el nombre genérico “música colombiana”, o el más particular “música andina” le comienza a quedar pequeño, ya que no permite apreciar las diferencias que se han ido consagrando como características de su búsqueda musical tanto frente al folclor como frente a la música académica europea. Esos nombres, aun cuando los sigamos utilizando por fuerza de la costumbre, esconden más de lo que muestran. Cada vez se hace más evidente que riqueza musical de la generación del Maestro Pérez Salazar, alimentada por ilustres predecesores, reclama un nombre más acorde con su programa estético, con su apuesta sonora, con las particulares competencias técnicas que se ponen en juego y el especializado saber que lo sustenta. Estamos ante lo que podríamos llamar Músicas Artísticas de Tradición Popular, es decir, franca y simplemente, músicas populares de concierto.

Hacer claridad sobre esto resulta importante para entender por qué el proyecto musical de Germán Darío Pérez y su trabajo de más de veinte años con el Trío Nueva Colombia ha llegado a convertirse en lo que probablemente sea el momento más importante de un trabajo colectivo intergeneracional que sutil pero contundentemente desafía nuestras tradicionales convenciones al hablar de la música andina. En el discurso consagrado por la costumbre y en nuestro imaginario de nación esta música se ha entendido fundamentalmente como música folclórica campesina y rural, que a lo largo de su historia ha creado su identidad en oposición tanto a las músicas cultas o de carácter académico –recuérdese la polémica entre Uribe Holguín y los nacionalistas representados por Emilio Murillo-, como a las músicas urbanas contemporáneas -como ha sido casi la norma en los discursos anti modernos de la mayoría de los concursos de música andina-.

La Música Urbana Colombiana de Concierto del maestro Germán Darío Pérez que venimos a escuchar esta noche forma parte de una tradición de larga data que se ha empeñado en consagrar los ritmos de la región andina, en forma especial y privilegiada el bambuco, como un idioma universal que tiene la particularidad de que se cultiva con intensidad y devoción en Colombia. Para ellos el bambuco no es una mera estructura descomponible en sus partes, ni células rítmicas o acentos dispuestos de determinadas maneras, el bambuco desde su óptica es una totalidad, un universo que cuenta con un espíritu juguetón capaz de podernos de frente a nuestra condición mestiza. Para ellos el bambuco no es una célula rítmica que pueda usarse únicamente como motivo o como pre-texto en composiciones, ni un recurso turístico para atraer el comercio global de la World Music, sino una forma de sentir particular, una forma de expresar esa sensibilidad mestiza, hibrida, ambigua, polivalente, capaz de ser al mismo tiempo danzante y contemplativa, con el don de ponerle sonido a nuestra condición blanquinegrindia y a nuestro universalismo pueblerino.

Asumiendo de entrada y sin vergüenza que nuestra música local es universal y expresa una dimensión de lo humano y no a una región geográfica, se han propuesto convertirse en grandes músicos explorando con espíritu crítico, imaginación y trabajo ese universo de posibilidades. Su música se convierte entonces casi en un manifiesto, una carta de navegación que nos dice que ella hace parte de la geografía sensible de todos los humanos de cualquier lugar del mundo y de todas las épocas, a condición de que se la escuche sin prejuicios y se acepte el viaje que le propone su particular atmósfera sonora y las rutas que va construyendo su discurso musical.

Este concierto es revelador en la medida en que la música de Germán Darío Pérez nos sirve para comprender que buena parte de la música hecha por artistas como Oriol Rangel, Manuel Jota Bernal, León Cardona, Chucho Rey, Luis Carlos y Daniel Saboya, Jorge Arbeláez, Juan Pablo Cediel, Carlos Augusto Guzmán o Luis Fernando León Rengifo, por sólo citar algunos de sus contemporáneos de alma o de tiempo, tiene un aroma, un color y una sonoridad diferente por ser reflejo de otra idea de país, de otra formación musical y de otras búsquedas estéticas. Él es la punta de lanza de un movimiento que desde principios de siglo, con timidez y no pocas veces con cierta ingenuidad, ha apostado por una música andina llena de sutilezas melódicas, texturas, colores, dinámicas y contrastes armónicos y tímbricos que la hicieran digna de ser apreciada por su valor intrínsecamente musical. Es una generación que busca convertirnos en bambucófilos, guabinófilos, pasillofilos, etc., por razones estrictamente musicales, dejando en un segundo plano los habituales discursos nacionalistas. Es una generación que reclama el derecho a sentirse hija legítima tanto de la tradición oral indígena, negra y campesina, como del legado cultural europeo de tradición escrita, así como de las nuevas tradiciones orales que surgieron en el siglo XX gracias a la radio, el disco y la internet. Por ello apuestan por un bilingüismo muy particular, aspiran a una condición anfibia, es decir, a ser reconocidos como músicos académicos de reconocida formación empírica, o si se prefiere, como músicos empíricos ilustrados. En cualquier caso, músicos prácticos de indiscutible autoridad musical en su campo que viven, practican y se vuelven sólidos con un trabajo compositivo alimentado de las necesidades de su práctica musical cotidiana.

Itinerarios del creador

Germán Darío Pérez empieza su trayectoria como compositor haciéndose dueño de la forma y la estructura de una música que llamó su atención siendo niño. Lo que más tarde reconocería como el trabajo del maestro Oriol Rangel con el Conjunto “Nocturnal Colombiano”, hizo explotar su imaginación infantil y le sirvió de estímulo para adentrarse en el lenguaje de esta música nueva y fascinante.

Obsesionado por la riqueza, el misterio y la fascinación que rodeaban aquellos ritmos que habían acunado su infancia, comienza a componer incesantemente decenas y decenas de bambucos y pasillos que eran una suerte de copia ingenua de las músicas que le servían de referencia. Hoy al recordar ese tiempo, reconoce la importancia de ese momento en su formación: le permitió apropiarse de la forma, entender la estructura, incorporar los recursos habituales de esa particular tradición musical, las fórmulas retoricas recurrentes, los giros melódicos más comunes, las estructuras armónicas características. Eso sembraría en su obra algo que será uno de los rasgos más relevantes: la preocupación por la coherencia, unidad y solidez de su lenguaje musical.

Desde ese momento, hasta hoy, una convicción atraviesa todo su trabajo: el criterio fundamental de toda producción musical debe ser el sonido, el fluir del acontecimiento sonoro y su impacto en la sensibilidad de quien esta adiestrado en la escucha atenta. Por ser un músico “de oído” su música va a ser sensual, sus búsquedas intelectuales van a estar apoyando esa sensiblilidad exacerbada por la apreciación, deleite y la capacidad de empatía con los sonidos de su piano o de sus agrupaciones. Será tan grande esa fascinación que poco a poco, su interés de comunicarse a través de sus composiciones le va a significar dejar de lado sus anhelos de llegar a desempeñarse como concertista clásico.

Continúa su formación en el Conservatorio Nacional de Música en cuyas aulas conforma desde muy temprano un proyecto propio que servirá de laboratorio, que se convertirá en el vehículo consentido de su imaginación, el soporte para la creación de su lenguaje. Con la fundación del Trío Nueva Colombia, con sus colegas y amigos Ricardo Pedraza y Mauricio Acosta, comienza el itinerario que ininterrumpidamente lo va ser dueño del privilegio y la suerte de trabajar por más de veinte años en un lenguaje no necesariamente innovador en el sentido en que lo entienden las vanguardias, sino honesto, sin poses intelectuales, dotado de la sencillez y contundencia que suele tener lo verdadero.

Quizás la fuerza de su música y la autoridad de su propuesta se expliquen en gran parte por ese privilegio. Pocos compositores pueden darse el lujo de contar con grupos estables que les permita hacer su música y socializarla sistemáticamente tanto con la comunidad musical como con el público durante décadas. Mientras muchos otros estudian composición pero su obra apenas llega a tocarse por falta de condiciones en el medio, Germán Darío ha logrado inventar ese sonido particular y único del Trío Nueva Colombia partiendo del reconocimiento de la escuela de la práctica musical como la principal fuente de conocimiento, compartiendo sistemáticamente con colegas los secretos de la ejecución de los ritmos e instrumentos que les son propios, asumiendo el riesgo de darse a conocer en concursos donde, nos guste o no, se discute, se escucha y se comparte el interés por esta música y se siente la tensión entre una institucionalidad conservadora o a veces francamente ignorante y una comunidad de músicos que incesantemente buscan en el pasado o en nuevos lenguajes alternativas expresivas que logren seducir la imaginación del país.

Las obras y sus protagonistas

El repertorio de esta noche abarca todas las etapas de la obra del Maestro Germán Darío Pérez en diferentes formatos y con diferentes intenciones y búsquedas.

La intervención del Trío Nueva Colombia permite apreciar uno de los grupos técnicamente más depurados, interesantes y originales por la concepción sonora subyacente. Este formato cuando se había usado, no era más que un piano acompañado por dos instrumentos que francamente estaban en un segundo plano. Germán Darío, con su particularísima forma de usar el tiple aprovechando la musicalidad singular de Ricardo Pedraza, logra crear una atmósfera y un clima hasta entonces desconocido en la música andina. El tiple de Pedraza es en sí mismo una institución: tiene todo un abanico de recursos de ataque con la mano derecha: rasgados, rasgueos, guajeos, aplatillados y apagados; despliega una riqueza rítmica que está potenciada por la estructura musical de la nueva música andina de concierto y la sonoridad particular que busca el compositor haciendo que el tiple extienda la armonía agregando notas que producen una impresionante gama de colores. Adicionalmente el timbre de su tiple amarra, sostiene y pone en diálogo el piano de Germán, pleno de recursos expresivos y la solidez rítmica y armónica que emerge del contrabajo de Mauricio Acosta, que con su grave aplomo, pone las bases de la arquitectura musical que se despliega en cada obra.

Esta noche presentarán dos obras de su primera etapa, los bambucos “Ancestro” y “Locuras”. La primera, que quizás sea su obra más conocida, grabada e interpretada, comienza con unos acordes del contrabajo con arco y piano que invitan a concentrar la atención y parecen advertir acerca de la súbita llegada de un bambuco irrefrenable y cantarín que desemboca en una parte lenta de gran poesía, donde un tema dialogante genera en el oyente el anhelo del regreso, la necesidad y el ansia de volver a vivir la experiencia inmediatamente, y que, efectivamente, al repetirse íntegramente deja al oyente descansando en una sensación de belleza y armonía que evidencian la magia y el encanto de esta obra.

“Locuras”, alterna momentos de gran lirismo que contrastan con cambios de tempo y silencios súbitos que crean tensiones que se resuelven en un impulso frenético que empuja el desarrollo de la pieza con gran naturalidad y belleza. Aquí, como en otras obras de Germán Darío, el bambuco ralentizado es un recurso poético de gran eficacia expresiva.
La obra “Ilusa”, en la estela de la gran tradición lirica de la danza colombiana está construida sobre un lenguaje pianístico con gran economía de recursos musicales, que se despliega creando cambios en la atmósfera y el color de la pieza gracias a pequeños y sutiles cambios armónicos que resaltan la solidez estructural y la belleza melódica, dos asuntos que son una unidad indisoluble en la obra de Germán Darío Pérez. Por su parte la obra “Composición para mi trío” inicia con un motivo expuesto por el contrabajo que crea un ambiente falsamente jazzístico que permite intercalar, superponer y derivar elementos de blues con el bambuco en una llamativa simbiosis que finalmente desemboca en el predominio del ambiente bambuquero que domina el sentido de toda la obra; en la parte intermedia el tiple canta y el piano responde para regresar luego de un giño del contrabajo al juguetón diálogo intercultural que plantea la obra reforzado por un bello unísono que da paso al guajeo del tiple y al triunfal juego ambivalente del principio.
“Insistíme”, mediante la recurrencia de un motivo rítmico que se pasea por toda la obra y la atmósfera del esquema de acompañamiento nos devuelve a la mejor tradición del pasillo sofisticado y expresivo cultivado en Colombia desde la primera década del siglo XX. La obra fue dedicada al recordado bandolista Andrés Ocampo.

Luego de veinte años de dedicación exclusiva al Trío Nueva Colombia, Germán Darío Pérez se plantea la necesidad de conformar un nuevo proyecto musical que le permitiera explorar nuevos aspectos de su creatividad. Opta, como siempre, por una sonoridad que le ofrezca alternativas expresivas y atice su imaginación, confiando los roles de cada instrumento a experimentados y reconocidos colegas del medio. Con Sandra Milena Sánchez y Felipe García en las flautas, Ricardo Zapata en el bajo eléctrico y el cuatrista Juan Carlos Contreras, inicia el proyecto llamado Síncopa-Cinco con quienes comienza a recorrer el país mostrando versiones de algunos de sus temas clásicos para el nuevo formato, componiendo piezas originales y recuperando música maravillosa poco interpretada de quien pudiera ser considerado la figura tutelar de su carrera musical: el legendario pianista pamplonés Oriol Rangel, el inventor de las sonoridades que ha perseguido inconscientemente a lo largo de su trabajo como compositor.

La sonoridad de Sincopa-cinco remite directamente a la del Nocturnal Colombiano, pero Germán incorpora un elemento diferenciador muy importante, el uso de un cuatro armónicamente denso y movido, que brinda tanto colores sugerentes como la fuerza de la tradición del joropo recio en la música del interior, poniendo en evidencia la zona de interinfluencia y los vasos comunicantes que hay entre las dos tradiciones. El piano pierde su carácter protagónico y recupera su papel como instrumento acompañante, lo que contribuye a fortalecer rítmicamente las piezas al permitir la improvisación de figuras que enriquecen y dan fluidez al trabajo musical. El maestro Germán Darío dice al respecto: “La música en principio debería ser un placer, a veces es un sufrimiento. Tocar con Síncopa-cinco es una delicia, un placer absoluto, un deleite”. El dinamismo, la fuerza y la riqueza tímbrica de Sincopa-cinco permiten un aprovechamiento de los diversos planos sonoros, produciendo un resultado en el que convergen ecos en el pasado con atmosferas más contemporáneas.

Sincopa-cinco interpretará la danza “Despertar”, que inicia con unas figuras cantables que recogen las dos flautas brindando la ocasión de entretejer durante toda la pieza un delicado diálogo que contrasta con la fuerza y vehemencia del motivo inicial de “Bambuquirri”, grabado por primera vez con el Trío Nueva Colombia en el disco conmemoratorio de los veinte años de trabajo titulado “El arte de la Memoria” y que escuchamos aquí en una versión que le saca partido a la fuerza urbana de los bloques de acordes en cascada que desembocan en una sección donde la tensión de silencios abruptos y arpegios que modelan motivos que se reiteran permiten que por la pieza recorra un impulso entrecortado que aprovecha la plasticidad y riqueza rítmica del bambuco.
“Pa’ Juancho”, uno de los clásicos de su obra, parece una suerte de homenaje oculto a la sonoridad de las legendarias flautas del Nocturnal Colombiano: los inolvidables Oscar Álvarez y Jaime Moreno. Luego de que en un momento parece rayarse el disco de la memoria las flautas nos recuerdan que se trata de Germán Darío y su piano, quien luego de ceder la voz a las flautas desembocan en un pequeño pero sutil contrapunto donde la flauta de Sandra y de Felipe resaltados por la percusión producida por el cuatro exaltan la belleza del tema y nos conducen al final de esta emblemática pieza que termina con cuatro golpes que se diluyen en el silencio.

“La gorda marrana”, está dedicada al compositor Mauricio Rangel Valderrama, colega y amigo del compositor y sobrino del legendario Oriol Rangel. Se trata de una obra más intelectual, donde lo emocional queda subordinado a un estricto plan constructivo que se sirve de esquemas rítmicos poco frecuentes en la tradición del pasillo colombiano. La obra es virtuosa y exigente tanto con el intérprete como con quien escucha, quien debe estar atento para seguir las sutilezas del discurso musical.

Palos y Cuerdas, conformado por los hermanos Diego, Daniel y Lucas Saboya interpretarán “Pa´ los palos”, original para trío andino colombiano y una de las piezas favoritas del compositor tanto porque la obra expresa calidez afectiva y principios formales muy bien logrados, como porque el tratamiento idiomático y el cuidadoso manejo de las posibilidades técnicas y expresivas de cada instrumento permite que en manos de estos tres virtuosos, sea una de esas piezas perfectas de la nueva música de concierto colombiana. Fue compuesta, dedicada y ofrecida a los músicos del trío, como muestra del afecto y la admiración que siente el compositor por el que quizás sea el trío tradicional más dotado en la historia de la música colombiana.

El reconocido concertista de piano, maestro Sergei Sichkov, estrena la “Suite Colombia” que contiene seis piezas sobre ritmos característicos. Sus movimientos bambuco, caña, danza, guabina, polka y pasillo, expresan la delicada concepción pianística que el compositor tiene de estos ritmos y su voluntad expresa de irse adentrando en la escritura para diversos instrumentos solistas. Allí encontrarán quienes desean dejarse seducir por las ricas posibilidades musicales que ofrece la música artística de tradición popular andina, un manantial de posibilidades.

Siguiendo con el recital, un grupo heterogéneo de músicos explora otra faceta de la música del compositor, quien haciendo uso de formatos diversos explora ritmos y propone nuevas formas de ampliar el repertorio buscando referencias a músicas artísticas de tradición popular latinoamericana poco exploradas desde la tradición andina. Se trata de las obras “El Pollo Lucas”, pieza que pese a contar ya con dos grabaciones, se presenta por primera vez en vivo; fue compuesta para tiple solista, bajo, piano y batería, cuyo rol principal está a cargo del concertista de tiple Luis Carlos Saboya, a quien fuera dedicada la composición y “Aguadito”, para piano, violín, dos tiples acústicos, batería y bajo.

La obra para piano sólo “Muchas lágrimas”, es una de las pocas del compositor que tuvo nombre antes de ser compuesta y pretende ser la expresión concreta de un sentimiento particular. Fue escrita como un sentido adiós a un entrañable ser querido y como una forma de desahogar el dolor de su ausencia.


Aquí termina este homenaje, que además que honrar un individuo y su obra, celebra la música y su victoria sobre el silencio. Y también el valor de los creadores que entienden a fondo su vínculo con la sociedad, que se han preparado para ser parte de su tiempo y de su época y se comprometen, en las condiciones de su medio, a dejarse guiar por las estrellas de la lucha y la esperanza.

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