15 dic. 2007

TRIO NUEVA COLOMBIA



La música de Germán Darío Perez y el Trío Nueva Colombia

Por: Eliecer Arenas Monsalve


Publicado como texto anexo al disco del TRIO NUEVA COLOMBIA 20 AÑOS: EL ARTE DE LA MEMORIA. Bogotá, Colombia.2007


“El valor estético surge de la memoria, y también del dolor,
el dolor de renunciar a placeres más cómodos a favor
de otros mucho más difíciles”
Harold Bloom
[1]

Antes de empezar a leer haga clic en este link para escucharlos:
http://www.myspace.com/trionuevacolombia

“Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura[2]”. Con esas palabras el legendario pianista Thelonius Monk afirmaba la estrechez de la mediación de la palabra escrita frente a la inconmensurabilidad de la escucha musical.

El controvertido maestro del be-bop tenía razón: hay ciertas músicas que, en efecto, nos sobrepasan siempre y nos obligan a oírlas con los ojos del alma. Músicas que desbordan nuestra capacidad de hallarles un nicho en el lenguaje que permita explicarlas, músicas que nos dejan a merced del asombro, en la soledad del enfrentamiento cara a cara con la verdad del artista y su sonido. Porque toda gran obra nos deja fatalmente desnudos frente a nosotros mismos. Lo fascinante es que cuando aflora el sentimiento, el recuerdo, la sensación, la idea, el pensamiento o cuando la obra queda revoloteando como una mariposa en nuestro interior, esos sonidos y esas imágenes pasan a convertirse en materia prima de nuestra propia existencia, entran a formar parte de nuestra savia y nuestra historia.

El encuentro con las músicas, como con las personas, casi siempre es fortuito. Quizás se trate, como cree un amigo mío, de que uno no escoge las músicas que oye o interpreta, sino que es escogido por ellas. Puedo suponer que si el lector está ante este texto en este momento, por alguna razón ha tenido la suerte de haber sido escogido por la música del Trío Nueva Colombia. No exagero. La gran música se distingue precisamente por su capacidad de convocar y propiciar la abundancia de sensaciones y vivencias, pero sobre todo, por lograr que además del goce de su estructura, su capacidad emotiva o su riqueza temática o tímbrica, sea capaz de afectarnos, sepa quedarse inscrita en nuestros cuerpos.


Es sabido que el asombro en la música puede surgir de la novedad, la coherencia formal, la fuerza interpretativa, la convicción estética, el despliegue de talento y calidad musical o por el fuego del virtuosismo. Quienes han escuchado el Trío Nueva Colombia saben que las cualidades citadas, sumadas a la sensación de placidez, naturalidad, fluidez, claridad conceptual, sobriedad emotiva y, por sobre todo, la elegancia de su discurso musical, no se pueden describir sino empleando la expresión que los flamencos llaman duende y nosotros reconocemos como magia. En efecto, cuando la música de Germán Darío Pérez[3] es interpretada por el Trío Nueva Colombia somos testigos del milagro: pasado y porvenir, lo campesino y lo urbano, lo nuestro y lo universal, se juntan de un modo inquietante, creando algo que sólo puede nombrarse con una palabra de noble prestigio: belleza.

La obra de GDP surge en el ambiente de la música para piano en un momento muy difícil de su historia. La ausencia de Oriol Rangel, que marcara de forma indeleble la historia de la música andina colombiana cuando todavía era considerada la música nacional, había dejado la misma sensación que comportó la partida de Pelé de la selección brasileña de fútbol: orfandad, desconcierto y una importante estela de imitadores.



Después de la descomunal energía vital invertida por el maestro pamplonés en hacer antologías musicales de Colombia, interpretar en vivo durante más de 25 años composiciones de músicos que le hacían llegar sus trabajos para que los tocara en sus legendarios programas de Radio Santafé y Nueva Granada, de crear una obra para piano de considerable calidad y, sobre todo, después de defender a capa y espada, casi hasta el paroxismo, su idea del carácter sagrado de la música nacional, su partida dejó un vacío enorme.

¿Desea escuchar un poco, el maravilloso mundo de la radio de antaño? Conéctese a este link:

Pese a su formidable trabajo como difusor de una forma de hacer música andina de la que Oriol, sin duda, es la referencia central, el organista antioqueño, compañero y discípulo de Rangel, Jaime Llano Gonzales logró que en la memoria del país estuviera siempre presente, con nostalgia, la sonoridad de Oriol, indisolublemente ligada a los martillos, los fieltros y el mecanismo del piano. Sólo el trabajo de dos pianistas, ambas mujeres, se encargó de darle vida, en parte, a esa herencia musical con sendas carreras centradas en la interpretación de la música colombiana. Ruth Marulanda y Teresita Gómez, ambas por razones diversas unidas por el destino a la historia del maestro Rangel, han sido, y siguen siendo, referentes centrales como difusoras y recreadoras de ese legado[4].Otro artista clave fue Manuel J. Bernal, intérprete destacado y compositor inquieto, cuyas búsquedas expresivas en su momento incomprendidas pero sumamente influyentes, abrieron nuevas líneas de trabajo y remozaron la sonoridad de la música andina.


No obstante, puede decirse que hasta la llegada de GDP, la música andina colombiana compuesta desde el piano y para el piano, estaba prácticamente abandonada. Los pocos intentos que hubo, presos de los paradigmas impuestos por Rangel o de gratuitos modernismos de cuño academicista, no lograron dar el salto a una nueva era. En general se trató de esfuerzos aislados, de meros esbozos y borradores que estuvieron lejos de constituir un lenguaje nuevo que llegarA a ser la esperada obra de referencia para el siglo siguiente.

Iniciado en la música desde muy temprano en un nicho familiar donde Quelito, su mamá, cultivó entre juegos y mimos su amor entrañable por la música y sus dotes de artista, Germán fue dándose cuenta que aunque su mano siempre parecía pequeña ante las posibilidades técnicas del instrumento, su sonido despertaba interés en sus maestros y que su musicalidad le permitía apropiarse de las secretas sutilezas de la música, de aquellos pequeños detalles que diferencian a un artista de un mero ejecutante.

Marcado por referencias múltiples, como es lo obvio tratándose de un niño de clase media bogotana de final del siglo XX, Germán Darío, fue tomando lentamente conciencia de “la música colombiana” por la influencia de sus tíos y parientes que cantaban y tocaban bambucos, guabinas y pasillos en reuniones familiares, al tiempo que se solazaba, influenciado por sus hermanas mayores, con las sonoridad de los Bee Gees, la Electric Light Orquestra, Billy Joel y otros artistas internacionales del momento. Aún no había llegado a su vida el ingrediente que en adelante sería la fuente de sus mayores satisfacciones y su tormento: la necesidad de crear. Para ello se necesitó la confluencia de dos circunstancias.

La primera fue el encuentro una tarde cualquiera, con un disco del Nocturnal Colombiano, del Maestro Oriol Rangel, que Germán escucha primero con cierto desdén, y que luego, al volver sobre él y permitirse percibir sus colores, su aroma campesino y su elegancia, lo deja, sin saberlo, atado a la sonoridad de ese piano, a ese touche lleno de convicción, fuerza y ternura, a esa sencillez que refleja la grandeza[5].

La segunda circunstancia es que, mientras incorpora esa herencia mediante el trabajo crucial con la maestra Ruth Marulanda en la Academia Cristancho, un reto de su hermana – ¿a que no es capaz de componer?- le permite descubrir el manantial de creatividad que dormía en su interior. Y lo que comenzó siendo un juego, terminó siendo una vocación, una opción de vida y el comienzo de sus hábitos de artesano de lo sonoro: hacer esbozos, tantear con acordes, con figuras, con motivos. Luego volver sobre ellos, ampliarlos, recrearlos, dejarlos reposar, retomarnos, transformarlos…es decir, todo lo que implica el contacto permanente, fluido e incansable con la materia sonora.

El trabajo diario, paciente y solitario en el piano le fue devolviendo en recompensa unas obras que comenzaban a sonar poco a poco diferente. Encuentra que su trabajo, aunque lleno de referencias, tiene sus huellas digitales. La emoción de encontrar el embrión de su propio lenguaje, el aprovechamiento de su bagaje como pianista y su formación como músico académico, le permitió echar a volar esas pequeñas primeras piezas en diferentes concursos nacionales de composición, donde muchas de ellas fueron galardonadas.

Germán Darío parece coincidir con Duke Ellington en la convicción de que una sonoridad plena sólo se consigue con el trabajo continuo durante muchos años con la misma nómina de músicos. Germán, en general, no toca ni graba, salvo invitaciones especiales y esporádicas, con nadie distinto del tiplista Ricardo Pedraza y el contrabajista Mauricio Acosta. En esta época de músicos free lance, que van y vienen de un proyecto a otro, el Trío Nueva Colombia, representa de cierta manera, una forma de hacer música que apuesta por la maduración artística de sus integrantes en el proceso de construir, juntos, hombro a hombro, el proyecto musical que los convoca. El equilibrio tímbrico, la disposición de los acordes entre los tres instrumentos, la gama de colores que obtienen, la dinámica, la calidez de su interpretación, el ajuste, la afinación y la perfecta armonía del conjunto los ha convertido en paradigmáticos. Como un día lo fue para el jazz el trio de Bill Evans, Germán Darío ha hecho de su grupo y de su obra una referencia insoslayable para la creación musical actual.

Mi propio trabajo de investigación ha mostrado la trascendencia de esa afirmación. Más de cuarenta entrevistas a algunos de los más destacados compositores, instrumentistas e investigadores en los últimos veinte años, me permiten afirmar que GDP es un referente insustituible de la música colombiana de cualquier género. La razón es clara: en una época donde hay tanto tanteo gratuito, donde los músicos se acercan a las tradiciones como si se tratara de escoger ciertos rasgos ad hoc de un menú de elementos musicales, donde se pretende fusionar lo que no se conoce a fondo, donde muchos creen que un viaje turístico por una tradición basta para sonar “auténticos”, el trabajo del Trío Nueva Colombia, y en particular, la obra de GDP señala un programa de trabajo para las nuevas generaciones, ya que apuesta por una ética del trabajo musical que implica la necesidad de entender que ser músico es asumir una forma de vida y que pertenecer a una tradición es dialogar incesantemente desde el pasado, sin necesidad de fetichizarlo, con las necesidades, apuestas e intereses estéticos del presente.

Para los amantes de la música colombiana andina, la música de GDP es un reencuentro con la potencia de la tradición andina urbana contemporánea, para los melómanos de todos los géneros y todas las generaciones es la oportunidad de tener un disco que como el anterior, será un clásico de la música latinoamericana para piano, y para el país, la oportunidad de contar con una obra que le da cuerpo, mediante un trabajo artístico, a esa Colombia nueva que tarda tanto en hacerse realidad.

Por eso, este C.D se puede recomendar como bálsamo o como conjuro, como amuleto para enfrentarse a la soledad o a molinos de viento; puede prescribirse para convocar el amor o para aquellos momentos en que estemos enfrentados en soledad a las preguntas y las sombras que nos deja la cotidianidad. Libertaria, pasional, melancólica, esperanzada, triunfal, enigmática o simplemente inquietante, la música de Germán nos invita a la introspección y al encuentro con el otro.


Aunque es verdad que el lenguaje parece insuficiente para expresar el universo de la música, hay sonoridades que nos invitan a salirnos de nosotros mismos y nos obligan a ir a contar la experiencia. Eso explicaría las tertulias y conversaciones apasionadas que se dan alrededor del mundo tratando de explicar la magia de Glenn Gould en las Variaciones Goldberg (escúchelo aqui: http://video.google.com/videoplay?docid=-6984208089899995423), el sonido de las bandolas del grupo Cuatro Palos, la importancia de la guitarra en las músicas populares del mundo, el sonido etereo que produce la trompeta con sordina y sin vibrato de Miles Davis, la fuerza de la tradición en Billie Holiday o Toto la Momposina, la magia de un Intermezzo de Calvo, una canción tikuna, un alabao chocoano, una miniatura de Erik Satie o la sonoridad poética de un cuarteto de Bartók. Pareciera que una de las motivaciones de los humanos para hacer música y disfrutarla fuera el gusto que nos produce hablar de ella.

Como pasó en su momento con la música de Joao Gilberto, Paco de Lucía o Piazzolla, la música de GDP es una música que fascina a quien no conoce de música y encanta a quien la cultiva. Como las grandes apuestas estéticas de las mejores músicas populares del mundo, la música de Germán se deja escuchar con pertinencia en muchos niveles, permitiendo que tanto el especialista como el profano, por razones distintas, encuentren ocasión para el goce estético.

Finalmente, estoy por creer que quizás sea algo más que una casualidad el nombre que hace más de veinte años estos tres músicos decidieron darle al grupo: Trío Nueva Colombia.




Teniendo en cuenta que uno de los más caros anhelos de todos es que tengamos por fin un país para todos los colombianos, puede considerarse el arte del Trío Nueva Colombia como un arte que es de todos y para todos, porque tal vez como ninguna otra música del panorama actual, nos sirve de mediación con el universo sonoro de estos tiempos de lo local globalizado y del presente atemporal. Por intermediación de este trabajo podemos llegar por igual a Luis A. Calvo como a Michel Camilo o a Chopin, a Chick Corea como a Fulgencio García, a Ignacio Cervantes como al lirismo de Bill Evans (Escuche a Bill Evans aqui: www.youtube.com/watch?v=89B6OmBuG4A. )


La música de GDP es una zona franca donde pueden abrevar con tranquilidad tanto los amantes de la música clásica y el jazz o la música campesina latinoamericana, como quienes gozan con las mejores sonoridades del piano urbano contemporáneo. La Música del Trío Nueva Colombia quizás pueda ser considerada la banda sonora del relato nacional que tanta falta nos hace y metáfora de la llegada de un nuevo porvenir.

Pero como el gran discurso artístico que es, la música del Trío Nueva Colombia no se basa en clichés, no busca artificios patrioteros, no esta adosada de trucos para atraer y enganchar. Antes que nada, se trata de música francamente honesta, que se logra parecer a lo que somos: mestizos, orgullosamente hechos de la mezcla de muchas sangres, suertes e historias. La música de Germán toma distancia de lo real cotidiano para configurar estéticamente otra realidad, una realidad donde nos podemos ver a los ojos: ni europeos ni indígenas, ni campesinos ni cosmopolitas, ni desarrollados ni en la pre-modernidad.

En estos años de trabajo, habiendo conocido todos los matices que van desde el silbido insultante a la reverencia aduladora, estos tres músicos se siguen empeñando en encontrar una sonoridad que sea coherente con su propio sentir como artistas. Les aterra la pose y el amaneramiento de quienes buscan cambiar por cambiar o conservar por conservar. No tienen nada contra el pasado ni deudas con nadie, no tienen una apuesta sobre el futuro de la música en Colombia ni aceptan hacer concesiones de ningún tipo para ser tenidos en cuenta.

De hecho, en este momento no saben siquiera lo que pueda pasar mañana con su trabajo.



Mientras llega el futuro, Germán se sigue levantando a componer ante el piano con la urgencia de quien esta condenado a hacerse entender mejor mediado por el arte, y con la responsabilidad y la suerte de quien sabe arrancar sonidos capaces de sacudir el inconciente colectivo de un país sordo y ciego ante su propia grandeza.


[1] Bloom, Harold. El canon occidental. Ed. Anagrama, Barcelona, 1994 (Ed. en español, 2005), p.49.
[2] Fischerman, Diego. Efecto Beethoven. Complejidad y valor en la música de tradición popular. Paidos, Buenos Aires, 2004, p. 21. También: Cook, Nicholas. De Madonna al canto gregoriano. Una muy breve introducción a la música. Alianza Editorial. Madrid, 1998, p. 8.
[3] En adelante GDP.
[4] El lector que desee ampliar la relación entre estas pianistas y Oriol Rangel puede remitirse al más reciente trabajo musical de Teresita Gómez, “Intimo”, producido por Jorge Andrés Arbeláez, con la participación de Jaime Moreno (flautista del Nocturnal Colombiano), Luis Fernando León, Jairo Rincón y el propio Arbeláez. Alcaldía de Medellín. 2006.
[5] Muchos años después Germán Darío, como homenaje, transcribiría el famoso “Estudio de Pasillo #1” de Oriol Rangel, del que no había partitura y que ha permitido, desde entonces, que muchos intérpretes lo graben y lo incluyan en sus repertorios. Entre otros Teresita Gómez en el disco citado anteriormente y el pianista cubano Ignacio Pacheco, en su trabajo Música Latinoamericana para piano, Producido por el Comité de Investigaciones de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes. Bogotá, 2000.

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